sábado, 1 de diciembre de 2007
20 MAXIMAS DE PAULO FREIRE Y UNA REFLEXION PERMANENTE SOBRE LA EDUCACION:

1. Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho
2. Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado
3. Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos
4. Enseñar exige la corporización de las palabras por el ejemplo
5. Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando
6. Enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad
7. Enseñar exige saber escuchar
8. Nadie es, si se prohíbe que otros sean
9. La Pedagogía del oprimido, deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación
10. No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión
11. Decir la palabra verdadera es transformar al mundo
12. Decir que los hombres son personas y como personas son libres y no hacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa
13. El hombre es hombre, y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo sufre los efectos de su propia transformación
14. El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas
15. Solo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el acto de ser educados por los educandos
16. Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre
17. La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados "ignorantes" son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una "cultura del silencio"
18. Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra
19. Defendemos el proceso revolucionario como una acción cultural dialogada conjuntamente con el acceso al poder en el esfuerzo serio y profundo de concientización
20. La ciencia y la tecnología, en la sociedad revolucionaria, deben estar al servicio de la liberación permanente de la HUMANIZACION del hombre.
No siempre es fácil sepultar a nuestros muertos... la presencia de la ausencia nos va volviendo más capaces ... Nadie que sufra una pérdida sustancial continúa siendo el mismo de antes. La reivindicación es una exigencia de la vida.
Etiquetas: EDUCACION
jueves, 15 de noviembre de 2007
Consideraciones para documento denuncia
Alexis Rebolledo Carreño, Sociólogo, produceideas@gmail.com
El proceso de enseñanza-aprendizaje, entendido dentro del marco de desarrollo dinámico e institucionalizado, consiste en la articulación de actividades puestas en acción para la promoción del aprendizaje, esto es, estudio, práctica, trabajo grupal, evaluaciones, etc., por lo que representa una instancia dotada de sentido, contenido y sucesión ineludible para quien pertenezca y quiera desenvolverse en los referentes sociales dominantes. Por consiguiente, y en el entendido de la concepción progresiva de sociedad, enmarcada en el proceso histórico de acumulación y avance al norte inexorable del desarrollo, bienestar y felicidad secularizadas, que aboga por la plenitud sistémica, funcional y equilibrada de sus partes, se ha de considerar al sujeto como realizador afín, es decir, proyectado en y para la red de relaciones y requerimientos mínimos preestablecidos por un modelo auto-referencial e impersonal, y que expresado a través de su ámbito sociolaboral lo concibe como “recurso humano” o instrumentalizado en “función de”.
Dichas coordenadas, constructos sociales decantados y solidificados a partir de la revolución de la producción en línea de Ford, hasta la consolidación o cúspide actual de atomización, fragmentación y flexibilización del trabajo, sientan los referentes culturales necesarios para la homologación de capacidades, habilidades y destrezas necesarias para el “normal” desenvolvimiento de los sujetos en este nuevo escenario. Este fenómeno, económico, político y cultural, genera las condiciones de selección y discriminación de acuerdo a las ventajas comparativas de los sujetos frente a las nuevas necesidades de productividad y éxito legitimadas, con lo cual germinan las perspectivas de exclusión institucionalizadas necesarias para la conservación del modelo.
La idea de la pluralidad y diversidad cultural y su multifocalidad emanada del respeto a los dominios y capacidades humanas se ve retrotraída a una condición original y urgente, esto es, la de contar con un repertorio mínimo de capacidades y conocimientos funcionales (competencias) que acrediten el aporte efectivo a un ordenamiento impersonal de producción en atención de la optimización de la relación tiempo/ingresos. De esto se han hecho cargo en Chile las distintas instancias formativo-institucionales con el propósito de ofrecerle al país un creciente número de elementos competentes que mantengan y eleven la “imagen país” y minimicen el “riesgo país” atendiendo, claro está, a sus desempeños sociolaborales en los escenarios de empleo futuro (parafraseando a la Unidad de Estudios Prospectivos del MIDEPLAN).
En el ámbito de la educación superior, nuestras universidades han dado muestras de funcional acoplamiento al modelo económico vigente en Chile, esto no sólo desde su estructuración u organigrama administrativo financiero, sino que también en su configuración curricular y académica docente, replicando a escala las características antes señaladas.
Pero ¿cómo opera dicho modelo en nuestras universidades? ¿Cuáles son las dinámicas de transferencia de conocimientos superiores en éste contexto? ¿Es pertinente a la instancia formativa la aplicación de tal sistema organizacional? Tales interrogantes no las alcanzo a responder con rigurosidad empírico argumental, mas bien me permitiré relatarle una de mis experiencias docentes en uno de dichos espacios privados de enseñanza superior, pues tal vez desde ahí se pueda dar con una problematización más acabada, esto es: la Universidad San Sebastián USS (en sus sedes de Concepción y Talcahuano, VIII Región del Bio Bio, Chile).
La modalidad de trabajo de la docencia en dicho plantel se instala con un vínculo part-time, o bien, contractual a honorarios (aun cuando nunca firmé contrato alguno). Esto implica el desempeño de la docencia en función de horas pedagógicas asociadas a la demanda de cada asignatura únicamente (pago por horas de clases realizadas). Dicho trato no contempla ni previsión, ni salud para los docentes part-time, quedando aquello como “problema personal”.
En ese contexto me incorporo el 2004 a impartir docencia en asignaturas asociadas a la metodología de investigación para distintas carreras de la Facultad de Educación, copando gran parte de mi disponibilidad horaria. Cabe señalar que dicha incorporación no es permanente, dado que como el pago es por horas de clases no hay compromisos de la universidad en los períodos de vacaciones (Enero y Febrero) con su planta docente.
Marzo de 2006, y comprometido a impartir tres asignaturas , para tres carreras, en las dos sedes, más un curso de perfeccionamiento en metodologías de investigación para los docentes de la Facultad de Educación, copaban mi disponibilidad horaria casi en su totalidad. Dichos compromisos los comienzo a cumplir el 6 de marzo de ese año. El día 24 de marzo del mismo mes se me notifica, verbalmente, que la universidad ya no requiere de mis servicios profesionales y que se me cancelarían las horas trabajadas en tal lapso de tiempo. Las razones: opiniones mías, vertidas en un blog personal , donde criticaba el alejamiento de un colega de la universidad, y el mantener vínculos con antiguos docentes de la misma, que “habían hecho mucho daño” a la institución.
La desvinculación, abrupta, sin previo aviso, inapelable, dejaba sin posibilidades de reubicación en otro espacio laboral, dado que a fines de marzo todas las universidades ya cuentan con planta docente en actividad, por lo que la opción más cercana era esperar el inicio del segundo semestre académico para una incorporación a otro plantel. Las consecuencias personales no sólo son las evidentes dificultades en la economía doméstica, sino que también en el plano académico. El despido, en éste caso, invoca al imaginario del trabajador desleal. Las consecuencias ampliadas son, tal vez, más notables. Los alumnos pierden tanto la continuidad del trabajo formativo (todas las asignaturas impartidas eran secuenciales) como las actividades de evaluación realizadas (anuladas por el nuevo profesor). Los docentes que compartían el mismo espacio ven alterado su clima laboral, se instala con fuerza la inestabilidad de su estadía en el entendido de que la oportunidad y fundamentos del despido se configuran como mensaje intimidador, sancionador de toda discrepancia y crítica para con la universidad y su gestión.
Esta breve reseña, autorreferente por cierto, pero elocuente de las prácticas posibles en el nuevo modelo de educación superior, instalan nuevas interrogantes, inquietudes (y angustias): ¿es pertinente la asimilación del modelo transaccional en educación? ¿Es posible exigir calidad y compromiso docente si no se permite el desarrollo de una carrera académica? ¿Se puede hablar de universidad si a los docentes se les remite a la entrega de contenidos de un programa elaborado por otros, donde no cabe el disenso, ni la discusión, ni menos la investigación? Lo cierto es que es cada vez más es frecuente encontrar profesores tomando horas de aula en distintas universidades, de distintas ciudades, para “armar” un ingreso mensual. ¿Calidad de docencia? ¿Calidad de vida?
El proceso de enseñanza-aprendizaje, entendido dentro del marco de desarrollo dinámico e institucionalizado, consiste en la articulación de actividades puestas en acción para la promoción del aprendizaje, esto es, estudio, práctica, trabajo grupal, evaluaciones, etc., por lo que representa una instancia dotada de sentido, contenido y sucesión ineludible para quien pertenezca y quiera desenvolverse en los referentes sociales dominantes. Por consiguiente, y en el entendido de la concepción progresiva de sociedad, enmarcada en el proceso histórico de acumulación y avance al norte inexorable del desarrollo, bienestar y felicidad secularizadas, que aboga por la plenitud sistémica, funcional y equilibrada de sus partes, se ha de considerar al sujeto como realizador afín, es decir, proyectado en y para la red de relaciones y requerimientos mínimos preestablecidos por un modelo auto-referencial e impersonal, y que expresado a través de su ámbito sociolaboral lo concibe como “recurso humano” o instrumentalizado en “función de”.
Dichas coordenadas, constructos sociales decantados y solidificados a partir de la revolución de la producción en línea de Ford, hasta la consolidación o cúspide actual de atomización, fragmentación y flexibilización del trabajo, sientan los referentes culturales necesarios para la homologación de capacidades, habilidades y destrezas necesarias para el “normal” desenvolvimiento de los sujetos en este nuevo escenario. Este fenómeno, económico, político y cultural, genera las condiciones de selección y discriminación de acuerdo a las ventajas comparativas de los sujetos frente a las nuevas necesidades de productividad y éxito legitimadas, con lo cual germinan las perspectivas de exclusión institucionalizadas necesarias para la conservación del modelo.
La idea de la pluralidad y diversidad cultural y su multifocalidad emanada del respeto a los dominios y capacidades humanas se ve retrotraída a una condición original y urgente, esto es, la de contar con un repertorio mínimo de capacidades y conocimientos funcionales (competencias) que acrediten el aporte efectivo a un ordenamiento impersonal de producción en atención de la optimización de la relación tiempo/ingresos. De esto se han hecho cargo en Chile las distintas instancias formativo-institucionales con el propósito de ofrecerle al país un creciente número de elementos competentes que mantengan y eleven la “imagen país” y minimicen el “riesgo país” atendiendo, claro está, a sus desempeños sociolaborales en los escenarios de empleo futuro (parafraseando a la Unidad de Estudios Prospectivos del MIDEPLAN).
En el ámbito de la educación superior, nuestras universidades han dado muestras de funcional acoplamiento al modelo económico vigente en Chile, esto no sólo desde su estructuración u organigrama administrativo financiero, sino que también en su configuración curricular y académica docente, replicando a escala las características antes señaladas.
Pero ¿cómo opera dicho modelo en nuestras universidades? ¿Cuáles son las dinámicas de transferencia de conocimientos superiores en éste contexto? ¿Es pertinente a la instancia formativa la aplicación de tal sistema organizacional? Tales interrogantes no las alcanzo a responder con rigurosidad empírico argumental, mas bien me permitiré relatarle una de mis experiencias docentes en uno de dichos espacios privados de enseñanza superior, pues tal vez desde ahí se pueda dar con una problematización más acabada, esto es: la Universidad San Sebastián USS (en sus sedes de Concepción y Talcahuano, VIII Región del Bio Bio, Chile).
La modalidad de trabajo de la docencia en dicho plantel se instala con un vínculo part-time, o bien, contractual a honorarios (aun cuando nunca firmé contrato alguno). Esto implica el desempeño de la docencia en función de horas pedagógicas asociadas a la demanda de cada asignatura únicamente (pago por horas de clases realizadas). Dicho trato no contempla ni previsión, ni salud para los docentes part-time, quedando aquello como “problema personal”.
En ese contexto me incorporo el 2004 a impartir docencia en asignaturas asociadas a la metodología de investigación para distintas carreras de la Facultad de Educación, copando gran parte de mi disponibilidad horaria. Cabe señalar que dicha incorporación no es permanente, dado que como el pago es por horas de clases no hay compromisos de la universidad en los períodos de vacaciones (Enero y Febrero) con su planta docente.
Marzo de 2006, y comprometido a impartir tres asignaturas , para tres carreras, en las dos sedes, más un curso de perfeccionamiento en metodologías de investigación para los docentes de la Facultad de Educación, copaban mi disponibilidad horaria casi en su totalidad. Dichos compromisos los comienzo a cumplir el 6 de marzo de ese año. El día 24 de marzo del mismo mes se me notifica, verbalmente, que la universidad ya no requiere de mis servicios profesionales y que se me cancelarían las horas trabajadas en tal lapso de tiempo. Las razones: opiniones mías, vertidas en un blog personal , donde criticaba el alejamiento de un colega de la universidad, y el mantener vínculos con antiguos docentes de la misma, que “habían hecho mucho daño” a la institución.
La desvinculación, abrupta, sin previo aviso, inapelable, dejaba sin posibilidades de reubicación en otro espacio laboral, dado que a fines de marzo todas las universidades ya cuentan con planta docente en actividad, por lo que la opción más cercana era esperar el inicio del segundo semestre académico para una incorporación a otro plantel. Las consecuencias personales no sólo son las evidentes dificultades en la economía doméstica, sino que también en el plano académico. El despido, en éste caso, invoca al imaginario del trabajador desleal. Las consecuencias ampliadas son, tal vez, más notables. Los alumnos pierden tanto la continuidad del trabajo formativo (todas las asignaturas impartidas eran secuenciales) como las actividades de evaluación realizadas (anuladas por el nuevo profesor). Los docentes que compartían el mismo espacio ven alterado su clima laboral, se instala con fuerza la inestabilidad de su estadía en el entendido de que la oportunidad y fundamentos del despido se configuran como mensaje intimidador, sancionador de toda discrepancia y crítica para con la universidad y su gestión.
Esta breve reseña, autorreferente por cierto, pero elocuente de las prácticas posibles en el nuevo modelo de educación superior, instalan nuevas interrogantes, inquietudes (y angustias): ¿es pertinente la asimilación del modelo transaccional en educación? ¿Es posible exigir calidad y compromiso docente si no se permite el desarrollo de una carrera académica? ¿Se puede hablar de universidad si a los docentes se les remite a la entrega de contenidos de un programa elaborado por otros, donde no cabe el disenso, ni la discusión, ni menos la investigación? Lo cierto es que es cada vez más es frecuente encontrar profesores tomando horas de aula en distintas universidades, de distintas ciudades, para “armar” un ingreso mensual. ¿Calidad de docencia? ¿Calidad de vida?
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Chile: Controversias Sobre El Modelo Que Todos Queremos Vender O Todos Quieren Comprar
Joel Díaz Acevedo www.joelvoltaybastidas.blogspot.com
Crónica De La Educación Pública.
Concepción, inicio año escolar 2007, un grupo de profesores de escuela secundaria decide declararse en asamblea a partir de las ocho de la mañana del primer día de clase, en solidaridad con un colega despedido arbitrariamente el día anterior. El motivo, la autoridad comunal de educación reparte los cupos laborales a ultima hora, ya que, los profesores de todas las escuelas publicas de la comuna pueden ser trasladados o despedidos de su cargo al amaño de la administración sin causa justificable, esto generalmente se realiza en el mes de diciembre cuando acaba el año escolar, sin embargo, ahora en marzo es necesario devolver favores de todo orden a los profesores que han actuado de manera favorable a los intereses del municipio, lo que incluye delación de sus colegas y sintonía política entre otras
En la década de los ochenta la dictadura militar hizo el traspaso de la administración de la educación publica primaria y secundaria a los municipios, de manera que escuelas y liceos tienen padre y madre divorciados, es decir por un lado el ministerio de Educación da los lineamientos generales, las grandes frases y líneas a seguir y por otro lado son administrados por los municipios, los cuales han sido ineficientes en la gestión y además lo manejan como feudo. La legislación laboral que rige a los docentes de educación publica establece dos formas fundamentales de vinculación contractual, a saber: una con contrato de carácter indefinido, con resguardo en caso de despido como de años de servicio, y a plazo fijo, la cual no considera ni los años de servicio ni la expresión de causa en caso de despido. De este modo los profesionales de la educación que están bajo esta condición año a año sufren el rigor de las políticas acomodaticias de la autoridad administradora, transformándose en profesores de segunda categoría ya que cualquier acto que se lea como conflictivo para los directores de establecimientos o la dirección municipal, implica el despido, así muchos profesores son controlados en cada uno de sus actos, volviéndose cada vez mas mediocres solo “cumpliendo su horario” sin mayor protagonismos que el de la labor en las aulas lo que acompañado a los exiguos salarios implica una suerte de proletarización de los maestros.
El profesor que debía cesar sus funciones tiene llegada a la con la alcaldesa (máxima autoridad en materia de administración educacional) por lo que se despide al profesor primeramente aludido no en función de meritos ya que el despedido cuenta con un currículo que incluye actividades académicas en tres universidades de la región, varias publicaciones sobre educación, historia y cultura, además de un Magíster en Historia. lo mas delgado del hilo en este caso significa no tener un padrino (pituto como se dice popularmente en Chile) . Van ya dos días de trabajo del año escolar los cuales han incluido un duro trabajo de planificación y preparación. Los profesores un tanto tímidos y ante la condición de indefensión de su par expulsado entre gallos y media noche, deciden generar una pequeña protesta, en un grupo cercano a los veinte, salen a la calle a hacer pública la irregular situación, segundos antes el director del establecimiento les comunica que han ingresado dos funcionarios de la policía civil, informados que algo extraño sucedería, piden los antecedentes del caso. Los profesores algo asustados salen de todas maneras y se instalan en la vereda, pacíficamente con carteles que hablan de la dignidad en el trato a los profesionales de la educación.
Muchos profesionales en Chile se encuentran estancados en su carrera funcionaria debido a que los cargos de mayor jerarquía técnica o administrativa, la mayoría de las veces son ocupados por militantes de partidos políticos, de modo tal que se generan redes de operadores quienes trabajan para el partido dentro de los organismos públicos. En los casos de los funcionarios menores, estos se emplean como informantes de la patronal, de modo que se mantenga un control sobre las actividades de todos los funcionarios.
Al poco rato llega la prensa ansiosa, ya que se trata de uno de los liceos públicos más tradicionales, ubicado en pleno centro de la ciudad. Un joven periodista de un canal local, trata de entender el conflicto -cosa que al parecer no logra- antes de grabar sus cuñas, llegado el momento, asumiendo su incapacidad, pregunta simplemente al profesor afectado “como se siente”, eso es todo. Algunas tomas y se va. Llegan radios y periódicos nadie muy interesado en profundizar las causas ya que al parecer no hay sangre ni violencia en la escena. Nadie se ha quemado a lo bonzo como se ha vuelto costumbre en las protestas ciudadanas alo largo del país.
En Chile prácticamente, no existe prensa independiente, ya sea por que los auspiciadores inciden directamente en las líneas editoriales o debido a que un par de conglomerados son los que controlan la mayoría de los medios expandiéndose incluso a las diferentes regiones más allá de Santiago, por otro lado los periodistas se encuentran dentro de los profesionales peor pagados del país de modo que en su labor no existe mayor libertad de acción, ciñéndose exclusivamente a los justo y necesario, lo que implica que el reporteo y seguimiento de la noticia involucra intenciones y recursos que no existen. Por otra parte, no pocos periodistas en función de conseguir accesos exclusivos se transforman en clientes de diferentes reparticiones convirtiéndose en la voz de la autoridad.
En ese mismo momento, desde la administración municipal, se le dan órdenes expresas al director del liceo de frenar la movilización so pena de ser sancionado, los profesores solicitan la presencia del encargado municipal, éste señala estar estudiando el escenario y exige expresamente no hacer publica la situación y volver a clases, a cambio ofrece “pensar” lo que se le solicita. Los profesores exigen su presencia ya que no confían en la promesa del funcionario debido a que este, el día anterior bajo engaño había informado al maestro su despido convocándolo bajo el ardid de que solo seria trasladado, táctica que forma parte del modus operandis de la administración municipal recurriendo a menudo a las mentiras para diluir las posibilidades que tienen los maestros de generar sus reclamaciones.
Según datos de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) muchos trabajadores en Chile son despedidos en día viernes o los sábados en la mañana, cuando las oficina de la inspección del trabajo están cerradas, por lo tanto por horario es imposible dejar constancia de situaciones arbitrarias, lo que sitúa a los empleadores con un manejo total de circunstancias de despido, lo cual, sumado a la ignorancia de los trabajadores respecto de sus derechos les hace desistir de reclamos o constancias.
Son cerca de las once y aparece una pareja de carabineros del grupo de operaciones especiales, aparato creado en la dictadura militar para encargarse de acciones terroristas prioritariamente, se acercan al grupo y hacen algunas preguntas ¿quien dirige? ¿Quiénes son los principales implicados? número de carné, etc. El profesor despedido, a su vez, les pregunta a los policías por qué se le solicitan esos datos, la respuesta es inmediata: para chequearlo con el ministerio del interior, así en el acto los efectivos llaman por su teléfono móvil, dan el nombre de los ciudadanos (entiéndase sospechosos) y esperan instrucciones, paralelamente van apareciendo mas carabineros en la escena,
Estos actos comunes de amedrentamiento, están orientados a dar la imagen de un país sujeto, por sobretodo al orden, lo cual implica todo tipo de restricciones, a veces ridículas a marchas y manifestaciones en general, salvo a las de apoyo a la autoridad, por supuesto. Se genera la impresión de que marchar es propio de otro tiempo o de otra dimensión y así mismo se asocia con violencia y represión de parte de las fuerzas policiales.
El año de la invasión militar a Irak por parte de Estados Unidos una serie de presiones posibilitó que el ministerio de educación promocionara marchas por la paz, no pocos directores de establecimientos educacionales tildaron los actos de desorden, pero ante la imposición ministerial tuvieron que acatar la situación. Sin embargo, al mes siguiente, en un liceo de Concepción los estudiantes secundarios deciden recurrir a la marcha frente a la autoridad educacional por la falta espacios para hacer educación física, el gimnasio se había convertido en una petición histórica repetida por generaciones de estudiantes, no obstante en esta ocasión se les dejó caer todo el peso de la institucionalidad y sus sanciones correspondientes. Cuando el ex presidente Lagos repetía una de sus frases típicas “las instituciones funcionan” daba a entender que aquellos que tengan algún tipo de opinión disonante deben, prioritariamente, canalizarlas por la vía institucional donde lo mas probable es que sea reducida a su mas mínima expresión.
Otro ejemplo, en el año 2006 hubo en todo Chile grandes movilizaciones estudiantiles en pos de la calidad de la educación, cerca de un mes los secundarios se movilizaron dando un ejemplo de organización, lo que provocó más de algún dolor de cabeza a la entrante administración de Bachelet, incluso cambios en el gabinete, para evitar la repetición de estos hechos, varios de los noveles dirigentes fueron tragados por la institucionalidad, de modo tal que alejados de las bases no resultasen peligrosos. Esa manera muy propia del modelo Chileno, ha hecho sistemáticamente que muchos ciudadanos con perspectivas críticas no tan sólo en los sectores tradicionales, como podría entenderse el mundo de los trabajadores o los estudiantes, sino también el de los intelectuales y académicos este siempre coqueteando con el poder al punto de confundirse .
El año 1995 se leía en las paredes de la Facultad de ciencias Sociales de la Universidad de Chile un reclamo de los estudiantes el cual acusaba a los intelectuales y académicos mas “progresistas“ de pasar del “fracaso político del ‘73 al éxito académico y económico” lo que, prácticamente los neutralizaba como divergencia manteniéndolos en la tranquilidad de sus escritorios. Así los proyectos de investigación, premios nacionales, rectorías y buenos ingresos redimen, en no pocos casos, la funcionalidad de la vanguardia intelectual.
Vigilar, custodiar, cooptar y reprimir en la medida que sea necesario a los ciudadanos cuyas intenciones representan opiniones criticas forma parte de la herencia dejada por la larga noche militar y que los gobiernos civiles no han cambiado, pues permite mantener la idea del miedo como una amenaza constante y el autoritarismo como la menos mala de las soluciones, Así también la presencia del Estado literalmente sobre los ciudadanos. Chile es un País en sustancia sin debate donde aún no es posible disentir, donde se respira un oxígeno cargado de totalitarismo autoritario.
El año 2003 a treinta años del golpe militar, un profesor de Historia tiene la ocurrencia de generar reflexión en su clase de secundaria pública, a partir de la elaboración de ensayos, los muchachos, la mayoría nacidos a mediados de los 80 argumentan no tener autoridad para elaborar juicios pues aun no habían nacido para esa fecha. Ante la insistencia del profesor, que les señala lo libre del ensayo y la valoración de elaborar pequeñas reflexiones propias, los estudiantes escriben, dan cuenta de como sus padres no les permitían hablar del tema, pues no apreciaban sus juicios, precisamente por su corta edad, en otros casos se mencionaba que en las fiestas familiares siempre los tíos de derecha terminan peleando con los de izquierda lo que transformaba la situación en un tema conflictivo. Las apreciaciones de los muchachos eran bastante sinceras en su inocencia adolescente y, en general, se declaraban, por sobre todo contrarios al totalitarismo paterno y adulto respecto del tema y, en lo particular, incapaces de entender los altos niveles de violencia que permeaba la sociedad chilena, no hubo ni un escrito que dijera viva Allende o viva Pinochet, tampoco groserías . Cuando el profesor quiso hacer una exposición en el pasillo con los escritos de los ensayistas, el jefe técnico-pedagógico del liceo le prohibió tajantemente hacerlos públicos sin siquiera leerlos. Los argumentos eran que los estudiantes no habían vivido el `73 por lo tanto no valía su opinión y lo mas probable es que carecieran de toda “objetividad”. Además, los profesores (lease adultos) no permitirían que se le dieran lecciones generándose -según el tecnócrata de la secundaria- una alteración de la convivencia escolar. El profesor, en su vehemencia, le comenta que bajo esa lógica él estaría imposibilitado de hablar de la Independencia de Chile pues, claramente no había vivido esa época. Su discusión con el jefe administrativo lo convence de publicar de todas formas los escritos en los pasillos durante una semana. Ese mismo año, sería despedido en primera instancia, para luego de una apelación ver rebajada a la mitad sus horas de clase.
Los profesores luego de un rato vuelven a su asamblea, el administrador municipal ofrece una alternativa, ya que en ese mismo momento la alcaldesa está en terreno con la intendenta, inaugurando algunas obras escolares y puede ser requerida por la prensa lo que podría traducirse en una incomodidad; ella es una de las aspirantes de la derecha al sillón presidencial. La oferta consiste en que el profesor trabaja un mes mas y luego se va,
Los maestros quienes aun esperan una explicación del proceder de la autoridad municipal, generan un pequeño debate en torno a su precariedad laboral, el profesor expulsado acepta la oferta considerándola como el mal menor ya que tiene un hijo de tres años y otro a un par de semanas de nacer, no aceptar la propuesta es enfrentar ese escenario en la cesantía, así impera una vez más el clientelismo y divisionismo en el gremio, con una organización cada vez más atomizada y amedrentada.
Según estudios recientes, en Chile las personas a lo que más le temen es a perder el trabajo, mientras en otros países la muerte, la vejez, las enfermedades catastróficas resultan ser el elemento mas mencionado, en el país que aspira a gran modelo latinoamericano incluso en las entrevistas que se hacen a las personas en las celebraciones de año nuevo, sus deseos están siempre vinculados a trabajar más, no a ser más felices, estar en familia o salud, las personas en Chile quieren ocuparse más. Se sabe que Chile además es uno de los países del mundo que más horas al día trabaja, lo que en ningún caso es sinónimo de productividad.
Luego de la reflexión de los pedagogos, el maestro afectado junto al director del establecimiento se dirige, a hacer un llamado telefónico, que finiquitará la situación, sin embargo, la reunión de la alcaldesa con la prensa ha terminado, conjuntamente en los noticiarios del mediodía había aparecido este grupo de profesores en el frontis del liceo manifestándose, lo que provoca la ira del funcionario municipal quien sanciona al profesor, desconociendo la precaria propuesta de trabajar un mes mas, de modo que además sirva de amedrentamiento para todos los colegas, es necesario mostrar autoridad a los maestros. Acto seguido el profesor queda si trabajo por segunda vez con una sensación de haber estado presenciando un cuadro propio de la historia más oscura de su país, esa donde existía un articulo octavo de la constitución que prohibía el simple hecho de pensar distinto. En menos de 24 horas ha sido despedido en dos oportunidades, ha sido engañado, cuando pidió una explicación no se le dio, cuando hizo publica su situación fue amedrentado por la coerción policíaca, fue chequeado en los registros del Ministerio del Interior -quizás por posibles vinculaciones con Al Qaeda– fue manipulado y castigado junto a sus colegas.
La imagen que tienen mayoritariamente los ciudadanos comunes y corrientes de nuestro país es, que ir contra la autoridad es una perdida de tiempo, es decir, existe una suerte de pensamiento único, que hace valer el actuar bajo una óptica que implique solo cumplir efectivamente, obedecer y ser objeto, aceptando que los únicos sujetos y protagonistas son quienes mantienen el orden de las cosas
Esa misma noche en el noticiario aparece la autoridad señalando que no entiende la reacción de los maestros, que estos han actuado a partir de elementos únicamente emotivos lo que no tendría sentido alguno, su discurso es prácticamente el mismo de la alcaldesa quien en horas de la tarde había señalado que todo ocurría por que los profesores se encariñaban demasiado con su trabajo y que la situación ya había sido solucionada. La noticia no dura ni un tercio del tiempo que dedica el noticiario a un reportaje donde se ofrecen viajes en semana santa con los destinos preferidos de los turistas chilenos y lo conveniente del cambio del peso en relación al dólar. El hijo del maestro, de tan solo tres años, queda impactado de ver a su padre un par de segundos hablando en la televisión ,sin embargo, no logra descifrar el mensaje de su padre, ante lo cual le pregunta sobre lo que ha dicho, de forma es inocentemente instantánea: ”papá ¿que es la dignidad?”.
Muchos observadores internacionales indican a Chile como el modelo a seguir, para algunos inclusive representa los más parecido en América Latina al mundo europeo, debido a su estabilidad política social y financiera (por que no podríamos decir económica). De esta manera, se tiene la imagen de un país donde no pasa nada, donde se ha llegado a un nivel de madurez política y gobernabilidad únicos en la región, sin embargo el control que se ejerce sobre la ciudadanía le da aun la condición de país bananero clásico. La dictadura militar repetía majaderamente, a los ciudadanos que existían dos alternativas: el caos o la democracia (dictadura); así costó hacer ver a los ciudadanos que lo de Pinochet no era democracia y que existían alternativas. Hoy, la coalición gobernante emplea el mismo molde de Pinochet, pues sólo quiere compararse con la dictadura, pues hace ver que las alternativas son democracia ( sólo a partir de elementos formales como la división de poderes o la simple votación) o la dictadura. Incluso una tercera alternativa que serían los países vecinos, han sido satánizados como hervideros de violencia, ya que es el único tipo de información que se transmite de América latina, junto al fútbol. En ese sentido, las generaciones jóvenes son educadas en función de periodos cortos, ya que no se es capaz de mirar mas atrás para observar ejemplos tan simples como que en la década del sesenta en Chile la educación era gratis, se hacían cerca de 50 o 60 películas al año, del mismo modo muchos libros clásicos se vendían a comienzos de los setenta a precios bajísimos al alcance de todos por que existían ediciones populares. Entonces cabría el riesgo en la comparación más allá de la dictadura militar, en que los actuales gobiernos civiles encuentran mas de algún elemento adverso.
No se trata de caer en la lógica de que todo tiempo pasado fue mejor o vivir bajo el mito de la edad de oro sino de actuar con perspectiva critica de nuestro presente, porque Chile no se puede comparar con Europa por utilizar los mismos teléfonos móviles o por tener tantos automóviles, la comparación o igualación solo puede hacerse sobre una perspectiva mas amplia y critica, la cual, al parecer, hoy por hoy, es cada vez mas escasa.
Joel Díaz Acevedo.
Ex profesor del liceo de niñas de Concepción
Ex profesor del liceo Andalién de Concepción
Ex profesor de la Universidad San Sebastián
Ex profesor de la Universidad Arcis
.
Concepción, Marzo de 2007
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Algunas Consideraciones Sobre la Experiencia Laboral en Docencia Universitaria: Notas para la imagen de un Chile neoliberal.
Manuel Fernández Gaete.
Profesor de Historia,Magíster en Historia Hispanoamericana.
1. El camino universitario.
La Universidad, por antonomasia lugar donde lo universal confluye, se concentra y cristaliza, ha sido, a lo largo de su historia de latos siglos un lugar excluyente. Formadora de los cuadros pensantes de la sociedad, centro de saber, ha sido y es un espacio donde la modernidad ha configurado un sentido al conocimiento: disciplinario, experto, tecnocrático; ha logrado dar forma a la díada saber-poder.
En Chile, el lugar que ha ocupado la Universidad no ha sido extraño a lo arriba descrito, centro donde el orden colonial buscaba fundamento, lugar y espacio donde el republicanismo construyó y justificó su ethos. Tierra de prohombres ilustres que apoyan y ayudan a la consolidación del aparto estatal. Hasta bastante entrado el siglo veinte la universidad, en Chile, fue un centro de conocimiento sólo ligado a ciertos círculos sociales, fue un lugar excluyente y exclusivo que es roto cuando los cuestionamientos de los propios universitarios comienzan a roer las vetustas paredes que rodean las aulas. La Reforma Universitaria, instala preocupaciones sentidas socialmente: democratización del conocimiento, de la estructura, del aporte que la universidad entrega a la sociedad. Compromiso, colaboración, integración fueron las banderas con las que múltiples académicos, estudiantes y profesores, obreros y dueñas de casa marcharon para construir una universidad cercana a las necesidades de la sociedad, una universidad Pública.
Por ello fue un lugar que necesariamente debía ser corregido por la lógica neoliberal. Cuado arrecia la dictadura militar en nuestro país, desde septiembre de 1973, la manu militari, se posa en las aulas universitarias instalando, también en ellas el terror: la persecución de las ideas y de los sujetos que las profesan, la quema de libros, la expulsión de académicos y estudiantes, la intervención en su administración económica y académica, el cierre de programas de estudio, el recorte presupuestario para la investigación. Todas políticas que buscan re-crear el sentido y objeto de la universidad chilena, que logra cristalizar a partir de la reforma de 1980, que traspasa, a partir del mandato constitucional, la responsabilidad de la educación superior de manera progresiva desde el Estado al Mercado.
La expansión de este modelo es un hecho sin precedentes en la historia de la institución, tanto en nuestro país, como en cualquier otro: de 6 universidades existentes en 1980 se ha dado un salto a aproximadamente 60. De unos ciento ochenta mil estudiantes se ha logrado completar cupos actualmente del orden de unos seiscientos mil. En menos de treinta años la universidad pasó de ser una institución elitista, a una masiva, de ser un centro de saber, a una máquina de profesionales, de desarrollar investigación comprometida con el desarrollo nacional a vender patentes y buscar proyectos “rentables” con participación privada.
Lo anterior, sin duda no es, en modo exclusivo, el único fenómeno que se desprende del diseño aplicado: hoy el negocio de la educación superior desata el apetito de grandes grupos de interés económico e ideológico en nuestro país, la mercantilización de la oferta hace crecer en cada proceso a la demanda y cada día son más y más estudiantes los que buscan un espacio en esta nueva universidad. Así también son cada día más y más profesionales los que se vinculan a la docencia universitaria, ya que las antiguas estructuras académicas no han sido capaces de abastecer este nuevo escenario de académicos o científicos de nivel. Lo que hace el mercado es abrir posibilidades, ya luego el mismo mercado se encargará de seccionar el tipo de universidad al cual es posible insertarse: doctores, en general en universidades del estado, magíster en universidades privadas, licenciados en Institutos Profesionales. En general una forma de seccionamiento que busca dejar al arbitrio del mercado la calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje, en la educación superior.
La preocupación, por parte del Estado se encuentra sólo reflejada a partir de lo que el mismos mandato constitucional (dictatorial heredado y refaccionado por los gobiernos socialdemócratas) establece: cumplir el papel de garante de lo que el marcado puede hacer. En ello es posible traducir tanto el proceso de acreditación, como los beneficios que el propio estado otorga a las universidades que pueden certificar “calidad” en el “servicio” que brindan. Aquellas que no logran pasar los parámetros impuestos quedarán progresivamente excluidas de beneficios y, obviamente, del mercado.
2. El camino en la Universidad neoliberal:
En este escenario buscar ingresar a trabajar en una universidad privada es, lógicamente, un contrasentido, desde la perspectiva de búsqueda de un conocimiento e investigación críticos. Pero las ofertas del mercado laboral muchas veces son atrayentes. Por ello mi llegada a la Universidad San Sebastián, en la ciudad de Concepción, el año 2003, fue mediatizada por una oferta atrayente. Un antiguo profesor me invita a discutir un proyecto formativo novedoso, que planteara una línea crítica e históricamente centrada en la historia social y regional, formando profesores con un claro y cercano perfil en las ciencias sociales. Competencia directa a la formación tradicional que habíamos recibido ambos en la Universidad de Concepción.
Nuestro arribo a la Universidad San Sebastián, no fue exento de problemas. En un contexto en que la competencia por la matricula permitió la apertura del programa de formación de profesores de Historia y Ciencias Sociales, en régimen diurno y no en vespertino, con un recorte presupuestario automático en bibliografía y jornada laboral del Director y Secretario de Estudios (que era mi caso). Así y todo el programa se asentó, marcó línea dentro de la Facultad de Educación y a nivel de la discusión disciplinar. Se programaron conferencias, se participó en congresos, se generó una política de extensión, se preparó una revista de difusión para la facultad completa dirigida por nosotros. Permanentemente nuestras actividades eran cercadas por la Decana de la Facultad, hermana del dueño de la universidad, quien no tenía más mérito académico que ser familiar directa del presidente de la Junta Directiva de la Universidad.
Nuestra responsabilidad con los alumnos, nuestra participación como académicos, nuestro trabajo en el mundo disciplinario fue saludado y felicitado en múltiples oportunidades. Se trabajó, pese a todos los inconvenientes, en darle un claro perfil académico y social a nuestra carrera, pero ello acarreó mayores problemas. En mi caso al participar de la comisión que elaboró el perfil del docente de la facultad, se me censuró un documento por ser “tendencioso” y con un marcado tinte “socialista”. Se criticó muy duramente nuestra participación como académicos en un debate que se produce a partir de la conmemoración de los treinta años del golpe militar, siendo co-organizadores de un evento que reunió a otras universidades y académicos. Duramente se nos criticó la cercanía y apoyo a las iniciativas que surgían de los estudiantes (ellos organizaron una conferencia sobre la cultura Mapuche, invitando a un especialista en el tema, y la facultad se negó a pagar los honorarios del invitando teniendo que sufragar los gastos el director de la carrera con dineros de su bolsillo). Pareciera ser que el summun de esta experiencia se produce en dos dimensiones: en primer término haber sido promotor y redactor de un documento en el que contestábamos los dichos de un grupo de historiadores de derecha que apoyaban la dictadura militar, su obra y cuestionaron los resultados que surgieron a la luz pública en el denominado “Informe de la Comisión Valech, sobre la Tortura en Chile”, el que esta iniciativa se desarrollara por docentes de la carrera molestó al stablishment historiográfico conservador de nuestra región. En segundo término y habiendo transcurrido dos años de iniciado nuestro trabajo, los docentes de nuestra carrera tenían un posicionamiento y un perfil que permitió mejorar sustancialmente, vía participación o directa coordinación, asignaturas transversales del área pedagógica, de práctica inicial y del área de las metodologías de la investigación. Mi propia participación dirigiendo una comisión de trabajo al interior de la Facultad, señala las responsabilidades profesionales que habíamos adquirido y la valoración técnica de nuestro trabajo, esto evidentemente molestó a varios miembros de la comunidad universitaria, incluyendo a la propia Decana, quien observaba como sus argumentos autoritarios, antojadizos y muchas veces falto de todo criterio eran fácilmente objetados por la más mínima lógica técnica o académica.
3. Epílogo, el camino de salida:
Para señalar lo que es evidente, un día antes de iniciar el año académico 2006 y luego de haber despedido al director de la carrera (aduciendo razones presupuestarias) me despiden aduciendo una supuesta “falta de confianza” por parte de la decana. Luego de ello una espiral de declaraciones de vicerrectores, decana y profesores que me acusan de haber mantenido un núcleo político al interior de la carrera, de adoctrinar a los estudiantes, de transmitir en clases “ideologías de izquierda” que atentaban contra los valores y principios universitarios. En fin una seguidilla de acusaciones infundadas y falsas, que provocaron una inédita manifestación de apoyo de los estudiantes a sus docentes que duró un mes en el cual ellos se declararon en “paro” de actividades, siendo amenazados y perseguidos; que obligó a la Universidad a dar explicaciones por la prensa y medios de comunicación; que provocó la expulsión del resto del equipo académico de la carrera (14 docentes de distintas áreas).
En fin, parece ser que aquel modelo universitario creado por la dictadura caló profundamente en la mentalidad de algunos empresarios de la educación superior y “académicos” que hoy construyen universidad neoliberal en nuestro país. Lamentablemente y más lejos que la mera experiencia de ser exonerado por razones políticas de una universidad en pleno siglo XXI, la experiencia de trabajo en la Universidad San Sebastián nos muestra claramente el carácter mercantil, intolerante y conservador de la universidad neoliberal. El propio Estado avala este tipo de proyectos: con moderna infraestructura, con una abultada cuenta corriente y con un régimen interno en el que las decisiones son las de una autocracia llena de nepotismo y amiguismo, en donde los criterios académicos brillan por su ausencia. Los avala por que al ser “empresas” en orden, son capaces de “certificar” la calidad de sus proceso, por ello son instituciones acreditables, esto es creíbles en la lógica mercantil de la universidad neoliberal chilena.
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Profesor de Historia,Magíster en Historia Hispanoamericana.
1. El camino universitario.
La Universidad, por antonomasia lugar donde lo universal confluye, se concentra y cristaliza, ha sido, a lo largo de su historia de latos siglos un lugar excluyente. Formadora de los cuadros pensantes de la sociedad, centro de saber, ha sido y es un espacio donde la modernidad ha configurado un sentido al conocimiento: disciplinario, experto, tecnocrático; ha logrado dar forma a la díada saber-poder.
En Chile, el lugar que ha ocupado la Universidad no ha sido extraño a lo arriba descrito, centro donde el orden colonial buscaba fundamento, lugar y espacio donde el republicanismo construyó y justificó su ethos. Tierra de prohombres ilustres que apoyan y ayudan a la consolidación del aparto estatal. Hasta bastante entrado el siglo veinte la universidad, en Chile, fue un centro de conocimiento sólo ligado a ciertos círculos sociales, fue un lugar excluyente y exclusivo que es roto cuando los cuestionamientos de los propios universitarios comienzan a roer las vetustas paredes que rodean las aulas. La Reforma Universitaria, instala preocupaciones sentidas socialmente: democratización del conocimiento, de la estructura, del aporte que la universidad entrega a la sociedad. Compromiso, colaboración, integración fueron las banderas con las que múltiples académicos, estudiantes y profesores, obreros y dueñas de casa marcharon para construir una universidad cercana a las necesidades de la sociedad, una universidad Pública.
Por ello fue un lugar que necesariamente debía ser corregido por la lógica neoliberal. Cuado arrecia la dictadura militar en nuestro país, desde septiembre de 1973, la manu militari, se posa en las aulas universitarias instalando, también en ellas el terror: la persecución de las ideas y de los sujetos que las profesan, la quema de libros, la expulsión de académicos y estudiantes, la intervención en su administración económica y académica, el cierre de programas de estudio, el recorte presupuestario para la investigación. Todas políticas que buscan re-crear el sentido y objeto de la universidad chilena, que logra cristalizar a partir de la reforma de 1980, que traspasa, a partir del mandato constitucional, la responsabilidad de la educación superior de manera progresiva desde el Estado al Mercado.
La expansión de este modelo es un hecho sin precedentes en la historia de la institución, tanto en nuestro país, como en cualquier otro: de 6 universidades existentes en 1980 se ha dado un salto a aproximadamente 60. De unos ciento ochenta mil estudiantes se ha logrado completar cupos actualmente del orden de unos seiscientos mil. En menos de treinta años la universidad pasó de ser una institución elitista, a una masiva, de ser un centro de saber, a una máquina de profesionales, de desarrollar investigación comprometida con el desarrollo nacional a vender patentes y buscar proyectos “rentables” con participación privada.
Lo anterior, sin duda no es, en modo exclusivo, el único fenómeno que se desprende del diseño aplicado: hoy el negocio de la educación superior desata el apetito de grandes grupos de interés económico e ideológico en nuestro país, la mercantilización de la oferta hace crecer en cada proceso a la demanda y cada día son más y más estudiantes los que buscan un espacio en esta nueva universidad. Así también son cada día más y más profesionales los que se vinculan a la docencia universitaria, ya que las antiguas estructuras académicas no han sido capaces de abastecer este nuevo escenario de académicos o científicos de nivel. Lo que hace el mercado es abrir posibilidades, ya luego el mismo mercado se encargará de seccionar el tipo de universidad al cual es posible insertarse: doctores, en general en universidades del estado, magíster en universidades privadas, licenciados en Institutos Profesionales. En general una forma de seccionamiento que busca dejar al arbitrio del mercado la calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje, en la educación superior.
La preocupación, por parte del Estado se encuentra sólo reflejada a partir de lo que el mismos mandato constitucional (dictatorial heredado y refaccionado por los gobiernos socialdemócratas) establece: cumplir el papel de garante de lo que el marcado puede hacer. En ello es posible traducir tanto el proceso de acreditación, como los beneficios que el propio estado otorga a las universidades que pueden certificar “calidad” en el “servicio” que brindan. Aquellas que no logran pasar los parámetros impuestos quedarán progresivamente excluidas de beneficios y, obviamente, del mercado.
2. El camino en la Universidad neoliberal:
En este escenario buscar ingresar a trabajar en una universidad privada es, lógicamente, un contrasentido, desde la perspectiva de búsqueda de un conocimiento e investigación críticos. Pero las ofertas del mercado laboral muchas veces son atrayentes. Por ello mi llegada a la Universidad San Sebastián, en la ciudad de Concepción, el año 2003, fue mediatizada por una oferta atrayente. Un antiguo profesor me invita a discutir un proyecto formativo novedoso, que planteara una línea crítica e históricamente centrada en la historia social y regional, formando profesores con un claro y cercano perfil en las ciencias sociales. Competencia directa a la formación tradicional que habíamos recibido ambos en la Universidad de Concepción.
Nuestro arribo a la Universidad San Sebastián, no fue exento de problemas. En un contexto en que la competencia por la matricula permitió la apertura del programa de formación de profesores de Historia y Ciencias Sociales, en régimen diurno y no en vespertino, con un recorte presupuestario automático en bibliografía y jornada laboral del Director y Secretario de Estudios (que era mi caso). Así y todo el programa se asentó, marcó línea dentro de la Facultad de Educación y a nivel de la discusión disciplinar. Se programaron conferencias, se participó en congresos, se generó una política de extensión, se preparó una revista de difusión para la facultad completa dirigida por nosotros. Permanentemente nuestras actividades eran cercadas por la Decana de la Facultad, hermana del dueño de la universidad, quien no tenía más mérito académico que ser familiar directa del presidente de la Junta Directiva de la Universidad.
Nuestra responsabilidad con los alumnos, nuestra participación como académicos, nuestro trabajo en el mundo disciplinario fue saludado y felicitado en múltiples oportunidades. Se trabajó, pese a todos los inconvenientes, en darle un claro perfil académico y social a nuestra carrera, pero ello acarreó mayores problemas. En mi caso al participar de la comisión que elaboró el perfil del docente de la facultad, se me censuró un documento por ser “tendencioso” y con un marcado tinte “socialista”. Se criticó muy duramente nuestra participación como académicos en un debate que se produce a partir de la conmemoración de los treinta años del golpe militar, siendo co-organizadores de un evento que reunió a otras universidades y académicos. Duramente se nos criticó la cercanía y apoyo a las iniciativas que surgían de los estudiantes (ellos organizaron una conferencia sobre la cultura Mapuche, invitando a un especialista en el tema, y la facultad se negó a pagar los honorarios del invitando teniendo que sufragar los gastos el director de la carrera con dineros de su bolsillo). Pareciera ser que el summun de esta experiencia se produce en dos dimensiones: en primer término haber sido promotor y redactor de un documento en el que contestábamos los dichos de un grupo de historiadores de derecha que apoyaban la dictadura militar, su obra y cuestionaron los resultados que surgieron a la luz pública en el denominado “Informe de la Comisión Valech, sobre la Tortura en Chile”, el que esta iniciativa se desarrollara por docentes de la carrera molestó al stablishment historiográfico conservador de nuestra región. En segundo término y habiendo transcurrido dos años de iniciado nuestro trabajo, los docentes de nuestra carrera tenían un posicionamiento y un perfil que permitió mejorar sustancialmente, vía participación o directa coordinación, asignaturas transversales del área pedagógica, de práctica inicial y del área de las metodologías de la investigación. Mi propia participación dirigiendo una comisión de trabajo al interior de la Facultad, señala las responsabilidades profesionales que habíamos adquirido y la valoración técnica de nuestro trabajo, esto evidentemente molestó a varios miembros de la comunidad universitaria, incluyendo a la propia Decana, quien observaba como sus argumentos autoritarios, antojadizos y muchas veces falto de todo criterio eran fácilmente objetados por la más mínima lógica técnica o académica.
3. Epílogo, el camino de salida:
Para señalar lo que es evidente, un día antes de iniciar el año académico 2006 y luego de haber despedido al director de la carrera (aduciendo razones presupuestarias) me despiden aduciendo una supuesta “falta de confianza” por parte de la decana. Luego de ello una espiral de declaraciones de vicerrectores, decana y profesores que me acusan de haber mantenido un núcleo político al interior de la carrera, de adoctrinar a los estudiantes, de transmitir en clases “ideologías de izquierda” que atentaban contra los valores y principios universitarios. En fin una seguidilla de acusaciones infundadas y falsas, que provocaron una inédita manifestación de apoyo de los estudiantes a sus docentes que duró un mes en el cual ellos se declararon en “paro” de actividades, siendo amenazados y perseguidos; que obligó a la Universidad a dar explicaciones por la prensa y medios de comunicación; que provocó la expulsión del resto del equipo académico de la carrera (14 docentes de distintas áreas).
En fin, parece ser que aquel modelo universitario creado por la dictadura caló profundamente en la mentalidad de algunos empresarios de la educación superior y “académicos” que hoy construyen universidad neoliberal en nuestro país. Lamentablemente y más lejos que la mera experiencia de ser exonerado por razones políticas de una universidad en pleno siglo XXI, la experiencia de trabajo en la Universidad San Sebastián nos muestra claramente el carácter mercantil, intolerante y conservador de la universidad neoliberal. El propio Estado avala este tipo de proyectos: con moderna infraestructura, con una abultada cuenta corriente y con un régimen interno en el que las decisiones son las de una autocracia llena de nepotismo y amiguismo, en donde los criterios académicos brillan por su ausencia. Los avala por que al ser “empresas” en orden, son capaces de “certificar” la calidad de sus proceso, por ello son instituciones acreditables, esto es creíbles en la lógica mercantil de la universidad neoliberal chilena.
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Etiquetas: EDUCACION
NOTAS SOBRE LAS CONDICIONES LABORALES DE LOS PROFESIONALES DE LA EDUCACIÓN EN EL CHILE ACTUAL.
Publicado por Reflexión y Cultura
www.reflexionycultura.blogspot.com
Introducción.
Sin duda alguna la presencia de miles de estudiantes secundarios, algunos profesores y otros cientos de universitarios, marchando por las anchas alamedas de las principales ciudades chilenas, durante el año 2006, instala un diagnóstico lapidario: la calidad de la educación en nuestro país es decadente.
Uno de los acuerdos socialmente aceptados, a partir de la “revolución pingüina” (como se denominó socialmente a la movilización de los secundarios), es que no es posible esperar más por la solución a este problema y que tampoco es posible esperar a que sean los docentes quienes puedan dar solución al tema.
Y es que los cambios operados por la dictadura militar, tanto en lo político, así como en la gestión de la educación pública no hizo más que desmejorarla y encapsularla progresivamente. La idea es privatizar al máximo esta área. Para ello desmejorar las condiciones laborales de los docentes es una de las herramientas que permitirá generar el escenario político necesario para asegurar la privatización.
Y es que el cuestionamiento a la calidad de la educación en Chile, necesariamente pasa (a nivel de opinión pública) por un cuestionamiento casi exclusivo a la labor docente. Pero nada se discute del régimen laboral al cual son sometidos los/as profesores /as de nuestros establecimientos educacionales, tanto de enseñanza primaria secundaria e inclusive superior, a lo cual se agrega un, cada vez mas creciente, numero de profesionales de la educación que trabajan en la educación no formal dedicados precisamente a labor de cubrir las fisuras sociales y económicas del modelo .
Docentes contratados por hora, contratados a plazo fijo, sin garantías laborales, sin previsión o protección social alguna; sin posibilidad de perfeccionarse o desarrollar investigación, son los que en la actualidad deben educar a una sociedad cada vez menos acostumbrada a ejercicios tan simples como pensar o reflexionar. Que en el caso de los de primaria y secundaria se encuentran sometidos a evaluaciones cruzadas de distinta índole y sentido, que muchas veces no les corresponden pero que terminan afectándoles: SIMCE y PSU, pero también la Evaluación Docente (portafolio), terminan todas convirtiéndose en herramientas de control y sanción para los miles de profesores que ven como, progresivamente se agraden y disminuyen sus derechos laborales.
La realidad de las instituciones de educación superior no es muy distinta: el último premio nacional de Historia lamentaba hace un tiempo atrás de su condición de taxi teacher lo que grafica la suerte de quienes se desarrollan en esta área, dedicados en su mayoría, a la labor exclusivamente de aula, algunas, que ni siquiera son dignas de ser escritas con mayúsculas donde la investigación nunca ha existido y el estudiante dejo de llamarse así y hoy es mas bien un cliente que un sujeto en formación quien con el pago del arancel sustenta económicamente a las casas de estudio, por lo tanto para algunas instituciones lo importante ha sido definitivamente la cantidad por sobre la calidad.
Por ello este grupo de profesores de distintas especialidades, ligados a la formación inicial docente, a la capacitación de profesores, a la docencia directa de aula en liceos públicos, universidades como en educación no formal pretenden mostrar algunos retazos de la experiencia laboral en un contexto distinto, relatando algunos hechos acontecidos durante su experiencia laboral, en la educación chilena actual, que dan cuenta no precisamente de cuestiones vinculadas en estricto rigor a la educación, sino mas bien, al estado laboral y las relaciones de subordinación de los docentes, con lo cual la formación sumado a el ¿Qué se enseña? ¿como se enseña? y ¿para que? es decidido muchas veces por sujetos que; jamás se han acercado a las mas simples propuestas en educación, sino que mas bien, operan desde lógicas de eficiencia, productividad y provecho económico o político solamente.
Los hechos que a continuación se narran, dan cuenta precisamente de cómo se opera para mantener el orden de las cosas y corresponden a experiencias verídicas, correspondientes todas a un periodo no mayor de los últimos cinco años.
Comité editor.
www.reflexionycultura.blogspot.com
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Introducción.
Sin duda alguna la presencia de miles de estudiantes secundarios, algunos profesores y otros cientos de universitarios, marchando por las anchas alamedas de las principales ciudades chilenas, durante el año 2006, instala un diagnóstico lapidario: la calidad de la educación en nuestro país es decadente.
Uno de los acuerdos socialmente aceptados, a partir de la “revolución pingüina” (como se denominó socialmente a la movilización de los secundarios), es que no es posible esperar más por la solución a este problema y que tampoco es posible esperar a que sean los docentes quienes puedan dar solución al tema.
Y es que los cambios operados por la dictadura militar, tanto en lo político, así como en la gestión de la educación pública no hizo más que desmejorarla y encapsularla progresivamente. La idea es privatizar al máximo esta área. Para ello desmejorar las condiciones laborales de los docentes es una de las herramientas que permitirá generar el escenario político necesario para asegurar la privatización.
Y es que el cuestionamiento a la calidad de la educación en Chile, necesariamente pasa (a nivel de opinión pública) por un cuestionamiento casi exclusivo a la labor docente. Pero nada se discute del régimen laboral al cual son sometidos los/as profesores /as de nuestros establecimientos educacionales, tanto de enseñanza primaria secundaria e inclusive superior, a lo cual se agrega un, cada vez mas creciente, numero de profesionales de la educación que trabajan en la educación no formal dedicados precisamente a labor de cubrir las fisuras sociales y económicas del modelo .
Docentes contratados por hora, contratados a plazo fijo, sin garantías laborales, sin previsión o protección social alguna; sin posibilidad de perfeccionarse o desarrollar investigación, son los que en la actualidad deben educar a una sociedad cada vez menos acostumbrada a ejercicios tan simples como pensar o reflexionar. Que en el caso de los de primaria y secundaria se encuentran sometidos a evaluaciones cruzadas de distinta índole y sentido, que muchas veces no les corresponden pero que terminan afectándoles: SIMCE y PSU, pero también la Evaluación Docente (portafolio), terminan todas convirtiéndose en herramientas de control y sanción para los miles de profesores que ven como, progresivamente se agraden y disminuyen sus derechos laborales.
La realidad de las instituciones de educación superior no es muy distinta: el último premio nacional de Historia lamentaba hace un tiempo atrás de su condición de taxi teacher lo que grafica la suerte de quienes se desarrollan en esta área, dedicados en su mayoría, a la labor exclusivamente de aula, algunas, que ni siquiera son dignas de ser escritas con mayúsculas donde la investigación nunca ha existido y el estudiante dejo de llamarse así y hoy es mas bien un cliente que un sujeto en formación quien con el pago del arancel sustenta económicamente a las casas de estudio, por lo tanto para algunas instituciones lo importante ha sido definitivamente la cantidad por sobre la calidad.
Por ello este grupo de profesores de distintas especialidades, ligados a la formación inicial docente, a la capacitación de profesores, a la docencia directa de aula en liceos públicos, universidades como en educación no formal pretenden mostrar algunos retazos de la experiencia laboral en un contexto distinto, relatando algunos hechos acontecidos durante su experiencia laboral, en la educación chilena actual, que dan cuenta no precisamente de cuestiones vinculadas en estricto rigor a la educación, sino mas bien, al estado laboral y las relaciones de subordinación de los docentes, con lo cual la formación sumado a el ¿Qué se enseña? ¿como se enseña? y ¿para que? es decidido muchas veces por sujetos que; jamás se han acercado a las mas simples propuestas en educación, sino que mas bien, operan desde lógicas de eficiencia, productividad y provecho económico o político solamente.
Los hechos que a continuación se narran, dan cuenta precisamente de cómo se opera para mantener el orden de las cosas y corresponden a experiencias verídicas, correspondientes todas a un periodo no mayor de los últimos cinco años.
Comité editor.
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CRISIS Y PROYECCIONES EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR: DE LA “LOCE” A LA “LEY DE FINANCIAMIENTO A LA EDUCACIÓN SUPERIOR”.
Manuel Fernández Gaete
Profesor de Historia y Ciencias Sociales
Presentación.
En primer lugar agradezco la gentil invitación que nos hicieran los alumnos movilizados por una nueva universidad a este espacio de diálogo y construcción.
Las siguientes líneas quieren presentar un apretado esfuerzo de síntesis que pretende tres grandes objetivos. Primero plantear las características del Sistema de Educación Superior que impera en el día de hoy en nuestro país; en segundo lugar, establecer una especie de “arqueología” respecto de este modelo, para luego; en tercer lugar, poder delinear algunos contornos críticos que nos permiten establecer una “crisis” en el modelo y algunos desafíos y proyecciones.
Es un tremendo desafío el poder establecer algunos parámetros a este problema, sobre todo por que el ejercicio que intentamos acometer no es el resultado de una investigación avalada con datos preparados especialmente a este efecto. Es también un desafío por que estos temas no son mi especialidad o línea de investigación (como acostumbran señalar los “académicos” profesionales). Por lo que, más bien, estas reflexiones son fruto de la coyuntura sociopolítica que hemos estado observando (de forma algo participante) en las últimas semanas, por tanto obedece a una especie de urgencia analítico comprensiva de lo que ha estado ocurriendo específicamente sobre estos temas, pero particularmente acá, en la Universidad de Concepción y a partir del trabajo arduo de crítica política que sus estudiantes han desarrollado. Es, también la intención de que estas reflexiones se transformen en una especie de herramienta, no sólo para la reflexión ensimismada, también para generar ejercicios de acción a partir de ella. Esto último, es quizá el más pretencioso de los desafíos, ya que de una u otra forma, quiero establecer que parte de la crisis a la que quiero referirme hoy día obedece, precisamente, a esa especie de “inutilidad” del saber generado por las universidades, saber que en términos específicos, esto es de su configuración como herramientas para la acción, han sido progresivamente pospuestos, arrinconados y dados en beneficio de ciertos intereses que no necesariamente son los de las grandes mayorías.
Por lo anterior mis palabras no tienen pretensión de validez científica, que de ellas pudiera esperarse, pero sí la urgencia y necesidad ciudadana de la acción y de la decisión, esto es la de la acción políticamente informada.
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¿Qué es esa cosa que llamamos Universidad?
Por universidad podemos entender varias cosas. De las que quiero hacerme cargo hoy dicen relación con el espacio, la textura y el sentido de ésta, cuestión que se ha venido configurando desde el origen medieval de su historia, al cual no me referiré, pero sí a partir de su posicionamiento y auge, a partir de su explosión, luego de la segunda mitad del siglo XX o más específicamente en la Post Segunda Guerra Mundial.
En sí este espacio de “saber” ha sido reservorio y receptáculo de la Modernidad, con todo lo que en ella existe; esto es Razón y Racionalidad, Ciencia y Cientificismo, Técnica y Tecnología, Política, Politiquería, Ideología y Demagogia entre muchos otros. Es claro, gran parte del edificio que la modernidad constituye, en cuanto fenómeno sociocultural, es construido, modelado y reproducido en este espacio de saber-poder. Podríamos, con justeza, señalar que toda forma de saber
“En apariencia, o mejor según la máscara que implica,... es neutra, despojada de toda pasión, encarnizada solamente con la verdad. Pero si se interroga a sí misma, y de una forma más general interroga a toda ciencia científica en su historia, descubre entonces las formas y transformaciones de la voluntad de saber que es instinto, pasión, encarnizamiento, inquisición, refinamiento cruel, maldad: descubre la violencia de los partidos adoptados: partido tomado contra la felicidad ignorante, contra las ilusiones vigorosas con las que se protege la humanidad, partido tomado por todo lo que hay en la investigación de peligroso y en el descubrimiento de inquietante”
(M. Foucault; Microfísica del Poder).
Duro golpe que se asesta a esta voluntad de saber-poder que de este espacio de “conocimiento” emana. En el fondo, encontramos el reconocimiento de que el saber es una herramienta poderosa, peligrosa, inquietante, pero para qué y para quién. Puesta en su propia historia, la universidad debe responder al servicio de qué intereses y para qué fines a puesto la producción de su saber. Una vez respondida esta pregunta (no lo haremos en este momento, pero no es tan complejo aventurarnos en ella) podemos decir que la Universidad ha permitido que aquel saber esté, hoy por hoy, acreditado socialmente (tecnocráticamente). Ya que quienes se dedican a las humanidades o a las ciencias, son socialmente hablando, los humanistas o los científicos de nuestros tiempos. Sin duda, también la acreditación de este saber tecnocrático ha permitido que estos campos, progresivamente, se profesionalicen, de manera y forma estereotipada. Es, entonces una posible vía para responder sobre el saber para qué y para quién de lo que la Universidad produce, para la profesionalización de los individuos. De ahí, entonces, una segunda cuestión; si la universidad profesionaliza, tecnocratiza, los que no están en ella y con ella ni son profesionales, ni son técnicos, por ello su saber tiene otro estatuto. Es saber, conocimiento, experiencia, pero no es científico, no es técnico, no es académico, en definitiva, no está autorizado.
Pero además, en el entendido de que es éste un espacio universal, debe dar cuenta del “universo” social que en su interior se representa. Sin distinciones ideológicas, de raza, de clase, la universidad es un espacio de diálogo social, de síntesis social, de encuentro plural. ¿Esto es así?, bueno revisemos nuestro propio universo próximo. Cuántos de nuestros compañeros y compañeras viven en los mismos barrios, cuantos fueron a los mismos colegios, cuantos conocen a las mismas personas, tienen las mismas costumbres, escuchan la misma música, etc. Sin lugar a dudas es un espacio donde podemos ver representado lo mejor muestra de nuestra sociedad. Ahora bien, si ponemos atención a lo que esto puede llegar a implicar, es posible también entender que esta muestra variopinta de universalidad, de diálogo, de encuentro, se transforma progresivamente en un espacio de homogeneización. En efecto, de una perversa homegeneización. En el fondo el sentirnos representados por un espacio formativo profesionalizante es una marca que sólo se lleva acá adentro y que luego nos permite marcar la diferenciación necesaria, en nuestros propios espacios. En este espacio, ya no somos más nosotros mismos: perdemos nuestra característica individual, de sujeto y nos transformamos progresivamente en un “profesional”. Y nos acostumbramos a la diferenciación, a la discriminación: por universidades, por carreras, por cursos. Esto nos permite ir configurando un escenario de escepticismo en el colectivo, ya que los médicos tienen que tomar distancia de los ingenieros, por que los matemáticos no se mezclan con los humanistas, por que los filósofos, literatos e historiadores hacen cortocircuito. Cada vez y progresivamente nos vamos haciendo cargo de un estatus, hacia afuera, que nos individualiza y nos gremializa, que inhibe la posibilidad de entendernos colectivamente, salvo por los intereses gremiales.
A pesar de lo anterior, es la universidad un espacio de cristalización, de la cultura, las artes, del desarrollo social, político, económico de toda sociedad. Y este espacio cristalizado es transmitido a los jóvenes, propietarios por antonomasia de estas tradiciones, las que se encargan de ir desarrollando, de ir moldeando, de ir apropiándoselas progresivamente. Así es como los campos culturales son ampliados gradualmente en los cinco o seis años de estudio que cada uno de nosotros pasamos en la Universidad, también los campos productivos, nuestro acervo político, el económico. La sociedad, sin lugar a dudas se reproduce material y simbólicamente al interior de la Universidad y la juventud se encarga de reproducir a escala ampliada y de manera dialéctica lo que la universidad le entrega. Por tanto, y sin lugar a dudas, tenemos lo que merecemos. La competencia, el individualismo, el muñequeo, todo aquello que caracteriza nuestra cotidiana vida, la que incluso reproducimos en nuestras familias, en nuestros espacio laborales, en nuestras relaciones de pareja. Esa cristalización es de tal magnitud, que nos hace pensar que esto está solidificado, es permanente, inmutable, que aquello que vivimos implica una especie de “fin de la historia”, de naturalización en la que lo social, lo cultural, lo político, lo económico es como es, por que así debe ser. Es lo que se nos enseña, por tanto es lo que sabemos.
Cómo la Universidad Llega a ser la Cosa que Conocemos.
En su articulado la Constitución de 1980, impuesta por la dictadura militar que encabezó el ex general Augusto Pinochet (1973-1989) , señala que:
“Los padres tienen el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos”; y que a este efecto “Corresponderá al Estado otorgar especial protección al ejercicio de este derecho”, de esta forma también señala que el estado debe “...fomentar el desarrollo de la educación en todos sus niveles; estimular la investigación científica y tecnológica, la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación”, entregando a la comunidad el deber de “... contribuir al desarrollo y perfeccionamiento de la educación”.
Sin duda un marco muy propicio para entender el actual desarrollo de lo que conocemos o reconocemos como espacios de educación terciaria. De esto se puede desprender que el Estado se desentiende de las obligaciones que antes tenía, como estado docente, en el que se hacía cargo de las necesidades de su propio crecimiento y del desarrollo socioeconómico nacional, a partir del perfeccionamiento de sus ciudadanos y la formación de cuadros ejecutivos y técnicos que le hicieran crecer. Y es que la dictadura militar, anclada en la más brutal ortodoxia neoliberal, creó las condiciones necesarias para entregar la función social de la universidad a los privados (entendidos estos como individuos), los que serían solamente subsidiados en su función.
La libertad de enseñanza, otro pilar fundamental del edificio construido por la dictadura, “incluye el derecho de abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales”, garantizando la autonomía académica, administrativa y económica de las instituciones de educación superior del Estado y de las particulares reconocidas por éste.
Otro de los pilares en los que se funda la nueva institucionalidad que crea el escenario de la educación terciaria nacional está establecido por la Ley 19.862, más conocida por su sigla como Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE). Esta, establece específicamente, en el artículo 29 los cuatro tipos de instituciones de enseñanza superior que el Estado reconoce oficialmente:
a) Universidades
b) Institutos Profesionales
c) Centros de Formación Técnica
d) Establecimientos de Educación Superior de las Fuerzas Armadas y de Orden .
Las entidades que aspiren a ser reconocidas oficialmente por el Estado como instituciones de educación superior deberán ser creadas por ley -caso de las estatales- o constituidas de acuerdo con los procedimientos establecidos en el Título III de la LOCE. Es importante, y relevante destacar que las universidades privadas serán siempre corporaciones de derecho privado sin fines de lucro. Los institutos profesionales y los centros de formación técnica que tengan ese carácter, deberán organizarse siempre como personas jurídicas de derecho privado, cuyo objeto no puede ser otro que la creación, organización y mantención del establecimiento respectivo. Por tanto el lucro privado en la educación superior es una subversión a las normas creadas por el propio articulado. El lucro privado, sobre la educación superior, surge de un “arreglo”, en el cual estas instituciones crean una “otra institución” que sí pueden lucrar, por ejemplo “sociedades inmobiliarias”. Arreglo que sin duda permite el crecimiento y la expansión del sistema privado de educación superior chileno .
Hasta el año 1980, nuestro sistema de educación superior sólo presentaba la presencia de 2 universidades estatales y seis privadas, en total ocho. Desde esa fecha el crecimiento es explosivo, en el año 2004 estas llegan a 60: Contando, en 1980 con una cobertura de unos 120 mil estudiantes de pregrado, se llega, al año 2004 a algo más de 540 mil, incluidos en el sistema completo. (T. Castañeda, 1993; E. Fernández, 2005) (Gráfico 1)
En palabras del académico de la UCSC, Enrique Fernández
“La magnitud e intensidad que tuvo la expansión implicó dos cosas: que por primera vez llegaran a las aulas universitarias alumnos de sectores socio-económicos menos favorecidos y que, en muchos casos, fue necesario improvisar profesores para poder proveer los cursos. Ambos elementos, asociados en ocasiones a una infraestructura deficitaria y bibliotecas y laboratorios precariamente equipados, han sembrado dudas acerca de la calidad de los profesionales formados en la educación Superior” (pp.:3).
Si observamos los datos disponibles en el Ministerio de Educación (gráfico 2), es posible señalar que entre los años 1990 y 2000, el acceso de los cinco quintiles, en los que podemos seccionar la realidad socioeconómica chilena ha crecido de manera explosiva, sostenida y ostensible. De esta forma es posible señalar que junto al crecimiento de la oferta educativa, en esta área, se ha hecho carne el aumento de la demanda y del acceso de todos los sectores socioeconómicos a la universidad. Surge también la posibilidad de entender, a quienes siguen atentamente las divagaciones expuestas, que este acceso si bien masivo, también a sido desigual e inequitativo. Es evidente que los sectores socioeconómicos de más altos ingresos, quinto quintil, han hecho de la universidad un horizonte no sólo deseable, sino que imprescindible. Mientras tanto, para los sectores que se ubican en le primer quintil, con menos recursos socioeconómicos, la posibilidad de acceder a la educación terciaria, es aún un horizonte lejano, casi utópico.
También y en igual forma es preciso entender que el acceso a la educación superior ha sido acompañado de un progresivo incremento de los recursos que para su financiamiento se requieren. Si observamos lo que el Estado ha ido entregando, de sus presupuestos anuales, sólo en el último lustro podemos desprender que la carga que ha significado la educación superior a las arcas fiscales, a pesar de la regla de “EQUILIBRIO FISCAL” impuesta por la doctrina neoliberal, ha pasado desde los 27 mil millones de pesos, en 1990, a unos 72 mil millones en 2003. (Gráfico 3). Sin duda un gran trozo de la torta de recursos que el Estado chileno maneja año a año, pero de igual manera insuficiente. Ya lo han demostrado los estudiantes, desde la década de los años ochenta, en que el sistema de financiamiento comienza a mutar y progresivamente se inicia el repliegue del Estado en la distribución, asignación y recuperación de los recursos (Reformas al financiamiento de 1981, Crédito Universitario Estatal, transferido en 1987 a las Universidades, para posteriormente ser reformado en 1994 y quedar establecido como Fondo Solidario). En sus tres versiones ha recibido las múltiples y permanentes críticas (una especie de itinerario anual que habla de un tema de la “agenda política” en los meses de marzo y abril), ya que en el fondo y siguiendo su propia lógica, estos fondos son asignados a los alumnos de las Universidades del Consejo de Rectores que presentas menos recursos y buenos puntajes (que son los menos), por que aquellos que realmente presentan menos recursos están fuera del sistema o están obligados a adquirir educación superior desde aquellas ofertas ligadas al sector privado. Con ello obligamos a los que tienen menos recursos económicos, obtienen peor educación escolar formal y menores puntajes en las pruebas de selección a las Universidades del Consejo de Rectores a buscar formación terciaria en instituciones privadas, las que TODOS (y digo TODOS de forma consciente) sabemos que lucran con los recursos y con las expectativas de formación de sus estudiantes (clientes). Una muestra más de inequidad.
Resumiendo, entonces, el sistema de educación superior presenta hoy día algunas características que nos hablan de un estado de la cuestión por lo menos crítico, a saber: su masificación, la falta de equidad en el acceso, su alto nivel de circulación de recursos (ligazón al mercado) y sus problemas de financiamiento.
Problemas todos no menores, si pensamos que es necesario, contar al 2010, con una masa estudiantil de no menos de un millón de alumnos en educación terciaria, que nuestro país a comprometido sus esfuerzos en sendos tratados bilaterales, a mejorar su “capital humano”, que los recursos que se inyectan año a año pareciera ser que no tienen un respaldo en resultados que puedan ser efectivamente vistos como una superación de la situación anterior. De esta forma es que podemos establecer, sin temor a ser alarmistas, ni apocalípticos, que la educación superior en nuestro país está sentada sobre una tremenda crisis que hace inevitable sentarnos a discutir, con sentido de proyección futura las medidas que puedan provocar una gran transformación a una situación otra que permita paliar las deficiencias y superar los problemas.
¿Qué Hacer?
Es la típica pregunta, no pretendo responderla (sería pretencioso). Es posible, eso sí, reflexionar sobre la intención, para luego visualizar salidas. En atención a esto, lo que sigue no son más que sendas especulaciones propuestas tal y como se expresaron al principio de esta exposición, desde la ciudadanía y desde la urgencia política. Por tanto, expansión explosiva, acceso desigual e inequidad en la distribución de los recursos en ayuda financiera para los sectores de menores ingresos explican que el estado actual del desarrollo universitario en nuestro país, es a lo menos poco auspicioso. Partamos desde ahí.
Sólo entonces, y en Primer lugar, podemos preguntarnos legítimamente cuál es la universidad que queremos salvar hoy en día. Si observamos su desarrollo y crecimiento podemos establecer alguna tipología de las que ya existen, para tener claro a qué atenernos. Por ejemplo podemos decir que existen universidades Privadas y Públicas; Tradicionales y Nuevas; Nacionales, Regionales y Metropolitanas; Ideológicas y de Empresa; Sistémicas y Críticas, Burocráticas y Descentradas; Del Consejo de Rectores y Fuera del Consejo de Rectores y sin duda Transnacionales y Nacionales. Es evidente que toda taxonomía es antojadiza, esta no lo es menos. Pero si es que creemos que es necesario “salvar” la educación pública, de qué forma nos referiremos a ella, ya que de lo que se trata es de no volver a cometer los errores que criticamos, el principal de ellos la discriminación, la elitización, la exclusión.
En atención al estado en el que se ha ido construyendo la Universidad podríamos aventurar posibilidades que nos permitan establecer puntos de fuga para la discusión. Por esto, y en relación al conocimiento que ellas producen podemos señalar que es necesaria una reafirmación de su sentido y carácter. Las universidades y sus comunidades han pasado un largo período de su existencia ensimismadas en la producción de conocimiento y saber por y para los intereses del Estado. Se han ido transformando progresivamente en funcionarias y burócratas de éste, pero más aún han ido manejando un cada vez más perverso sentido de compromiso con esta forma de reproducción social que fue, digámoslo simple y directamente, obra y creación de la dictadura más sangrienta que ha visto desarrollar nuestro país. Por tanto cualquier arreglo interno que intentemos desarrollar en el modelo de educación superior supone una tácita aceptación de la lógica, el contexto, los principios y fines para la cual fue diseñada la educación superior en un contexto como la dictadura de Pinochet. De ahí, entonces, que la lógica de producción, distribución y potenciación del conocimiento generado por las universidades se descentre de su lugar germinal (el Estado), para posicionarse en el lugar material (la Sociedad). De ahí que se hace necesario que la ciencia se haga social en su impacto.
“La reproducción permanente de la ‘ciencia oficial’ en el espacio público controlado por la gobernabilidad ha dejado a los pobres y a los ciudadanos corrientes sin un adecuado tratamiento científico de su memoria, sus experiencias, sus reclamaciones y sus reacciones colectivas. Estar fuera de las ciencias equivale con mucho a estar fuera de la racionalidad contractual y, por lo tanto, del poder ciudadano y de la historia. Pues, sin ciencia, no se pueden educar ni potenciar sistemáticamente las capacidades cognitivas, asociativas y proyectivas de la gran masa popular; es decir: su soberanía. Sin ciencia, la memoria social es un capital cultural derrochado en el vacío. Anulado. Anonadado. Que deja a los sujetos sociales de base ignorándose a sí mismos. Amnésicos. Como masa inerte a la espera de ser conducida y vanguardizada. Como si los ciudadanos no tuvieran identidad, ni dignidad, ni derechos soberanos, ni calidad de “pueblo”.” (Salazar, G. pp.: 163. 2004)
Luego, se hace pertinente señalar que el problema que actualmente se debate, es necesariamente la consolidación del itinerario trazado por la dictadura y administrado por los gobiernos de la Concertación, el que surge al dictarse la LOCE. No es menor señalar, y reivindicar aquí, que el Movimiento Estudiantil lo percibió en su momento de esa forma. El año 1992, la Facultad de Educación de la Universidad de Concepción se mantiene en toma por espacio de casi un mes. Qué solicitan los estudiantes, derogación de la LOCE. Hoy se cierra el círculo, hoy la LOCE se consolida, hoy la universidad deja de ser una preocupación del Estado, tal y cual el diseño de la dictadura militar. Por tanto si hay algo que reformar y algo sobre lo que efectivamente es necesario sentarse a discutir para su posible derogación es, por supuesto la Constitución de 1980, y la LOCE.
Por otro lado, si en el espacio universitario, nos está dada la posibilidad de la convivencia, de la convivencia democrática y transversal, esta debe operar con toda propiedad, con la mayor fuerza posible, con la mayor disposición al diálogo, a la participación a la no exclusión de todas las posiciones presentes. Esto es necesario no sólo declararlo, es importante hacerlo. Hoy es tiempo de un frente amplio, en el que tengamos lugar todos, ya que lo que está en juego es el rol y el lugar que queremos apara la educación superior en una sociedad otra. Por tanto la tarea no es menor, si queremos democratizar la educación, es necesario democratizar la sociedad, si queremos mayor participación en la educación, es necesario luchar por una mayor participación social, si queremos un acceso igualitario a la educación, entonces breguemos por una acceso igualitario a los bienes sociales. Esa es la orden del día, básicamente en el mismo nivel de la respuesta que habría dado el viejo Vladimir Ilich.
Por una sociedad en la que todos y todas tengamos espacio. Estudiantes y sociedad en general tenemos que unirnos, debemos constituirnos como sujetos, como un sujeto que es capaz de proponer una sociedad distinta, una educación otra. Una Asamblea Constituyente que pueda repensar no sólo el marco constitucional y jurídico de nuestra sociedad, sino que también se plantee la posibilidad de pensar una sociedad distinta, una sociedad otra parece ser una buena propuesta. Entonces, hay que unirnos, nuevamente… por que hay harto que hacer.
Muchas Gracias.
DATOS RELEVANTES SOBRE EDUCACIÓN SUPERIOR EN CHILE.
Fuente: www.mineduc.cl, www.cnap.cl (En Fernández, E.)
Fuente: www.mideplan.cl (En Fernández, E.)
Fuente: www.mineduc.cl (En Fernández, E.)
Referencias
Castañeda, Tarcisio (1993) Para Combatir la Pobreza. Política Social y Descentralización en Chile Durante los ’80. CEP Ediciones. Santiago. Segunda Edición.
Fernández, Enrique (2005) Desafíos Emergentes y Contribución de las Universidades Católicas a la Configuración de la Cultura. Ponencia Presentada al Capítulo Chileno de Universidades Católicas. Universidad Alberto Hurtado. Santiago, abril de 2005. Inédito.
Foucault, Michel (1992) Microfísica del Poder. Ediciones La Piqueta. Madrid. Tercera Edición.
Nef, Jorge (1999) Contradicciones en el “Modelo Chileno”. En Mendez-Carrión, A. & Joignant, A. (1999) La Caja de Pandora. El Retorno de la Transición Chilena. Planeta/Ariel. Santiago. pp.: 89-124
Salazar, Gabriel (2003) La Historia Desde Abajo y Desde Adentro. Facultad de Artes, Universidad de Chile. Santiago.
Profesor de Historia y Ciencias Sociales
Presentación.
En primer lugar agradezco la gentil invitación que nos hicieran los alumnos movilizados por una nueva universidad a este espacio de diálogo y construcción.
Las siguientes líneas quieren presentar un apretado esfuerzo de síntesis que pretende tres grandes objetivos. Primero plantear las características del Sistema de Educación Superior que impera en el día de hoy en nuestro país; en segundo lugar, establecer una especie de “arqueología” respecto de este modelo, para luego; en tercer lugar, poder delinear algunos contornos críticos que nos permiten establecer una “crisis” en el modelo y algunos desafíos y proyecciones.
Es un tremendo desafío el poder establecer algunos parámetros a este problema, sobre todo por que el ejercicio que intentamos acometer no es el resultado de una investigación avalada con datos preparados especialmente a este efecto. Es también un desafío por que estos temas no son mi especialidad o línea de investigación (como acostumbran señalar los “académicos” profesionales). Por lo que, más bien, estas reflexiones son fruto de la coyuntura sociopolítica que hemos estado observando (de forma algo participante) en las últimas semanas, por tanto obedece a una especie de urgencia analítico comprensiva de lo que ha estado ocurriendo específicamente sobre estos temas, pero particularmente acá, en la Universidad de Concepción y a partir del trabajo arduo de crítica política que sus estudiantes han desarrollado. Es, también la intención de que estas reflexiones se transformen en una especie de herramienta, no sólo para la reflexión ensimismada, también para generar ejercicios de acción a partir de ella. Esto último, es quizá el más pretencioso de los desafíos, ya que de una u otra forma, quiero establecer que parte de la crisis a la que quiero referirme hoy día obedece, precisamente, a esa especie de “inutilidad” del saber generado por las universidades, saber que en términos específicos, esto es de su configuración como herramientas para la acción, han sido progresivamente pospuestos, arrinconados y dados en beneficio de ciertos intereses que no necesariamente son los de las grandes mayorías.
Por lo anterior mis palabras no tienen pretensión de validez científica, que de ellas pudiera esperarse, pero sí la urgencia y necesidad ciudadana de la acción y de la decisión, esto es la de la acción políticamente informada.
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¿Qué es esa cosa que llamamos Universidad?
Por universidad podemos entender varias cosas. De las que quiero hacerme cargo hoy dicen relación con el espacio, la textura y el sentido de ésta, cuestión que se ha venido configurando desde el origen medieval de su historia, al cual no me referiré, pero sí a partir de su posicionamiento y auge, a partir de su explosión, luego de la segunda mitad del siglo XX o más específicamente en la Post Segunda Guerra Mundial.
En sí este espacio de “saber” ha sido reservorio y receptáculo de la Modernidad, con todo lo que en ella existe; esto es Razón y Racionalidad, Ciencia y Cientificismo, Técnica y Tecnología, Política, Politiquería, Ideología y Demagogia entre muchos otros. Es claro, gran parte del edificio que la modernidad constituye, en cuanto fenómeno sociocultural, es construido, modelado y reproducido en este espacio de saber-poder. Podríamos, con justeza, señalar que toda forma de saber
“En apariencia, o mejor según la máscara que implica,... es neutra, despojada de toda pasión, encarnizada solamente con la verdad. Pero si se interroga a sí misma, y de una forma más general interroga a toda ciencia científica en su historia, descubre entonces las formas y transformaciones de la voluntad de saber que es instinto, pasión, encarnizamiento, inquisición, refinamiento cruel, maldad: descubre la violencia de los partidos adoptados: partido tomado contra la felicidad ignorante, contra las ilusiones vigorosas con las que se protege la humanidad, partido tomado por todo lo que hay en la investigación de peligroso y en el descubrimiento de inquietante”
(M. Foucault; Microfísica del Poder).
Duro golpe que se asesta a esta voluntad de saber-poder que de este espacio de “conocimiento” emana. En el fondo, encontramos el reconocimiento de que el saber es una herramienta poderosa, peligrosa, inquietante, pero para qué y para quién. Puesta en su propia historia, la universidad debe responder al servicio de qué intereses y para qué fines a puesto la producción de su saber. Una vez respondida esta pregunta (no lo haremos en este momento, pero no es tan complejo aventurarnos en ella) podemos decir que la Universidad ha permitido que aquel saber esté, hoy por hoy, acreditado socialmente (tecnocráticamente). Ya que quienes se dedican a las humanidades o a las ciencias, son socialmente hablando, los humanistas o los científicos de nuestros tiempos. Sin duda, también la acreditación de este saber tecnocrático ha permitido que estos campos, progresivamente, se profesionalicen, de manera y forma estereotipada. Es, entonces una posible vía para responder sobre el saber para qué y para quién de lo que la Universidad produce, para la profesionalización de los individuos. De ahí, entonces, una segunda cuestión; si la universidad profesionaliza, tecnocratiza, los que no están en ella y con ella ni son profesionales, ni son técnicos, por ello su saber tiene otro estatuto. Es saber, conocimiento, experiencia, pero no es científico, no es técnico, no es académico, en definitiva, no está autorizado.
Pero además, en el entendido de que es éste un espacio universal, debe dar cuenta del “universo” social que en su interior se representa. Sin distinciones ideológicas, de raza, de clase, la universidad es un espacio de diálogo social, de síntesis social, de encuentro plural. ¿Esto es así?, bueno revisemos nuestro propio universo próximo. Cuántos de nuestros compañeros y compañeras viven en los mismos barrios, cuantos fueron a los mismos colegios, cuantos conocen a las mismas personas, tienen las mismas costumbres, escuchan la misma música, etc. Sin lugar a dudas es un espacio donde podemos ver representado lo mejor muestra de nuestra sociedad. Ahora bien, si ponemos atención a lo que esto puede llegar a implicar, es posible también entender que esta muestra variopinta de universalidad, de diálogo, de encuentro, se transforma progresivamente en un espacio de homogeneización. En efecto, de una perversa homegeneización. En el fondo el sentirnos representados por un espacio formativo profesionalizante es una marca que sólo se lleva acá adentro y que luego nos permite marcar la diferenciación necesaria, en nuestros propios espacios. En este espacio, ya no somos más nosotros mismos: perdemos nuestra característica individual, de sujeto y nos transformamos progresivamente en un “profesional”. Y nos acostumbramos a la diferenciación, a la discriminación: por universidades, por carreras, por cursos. Esto nos permite ir configurando un escenario de escepticismo en el colectivo, ya que los médicos tienen que tomar distancia de los ingenieros, por que los matemáticos no se mezclan con los humanistas, por que los filósofos, literatos e historiadores hacen cortocircuito. Cada vez y progresivamente nos vamos haciendo cargo de un estatus, hacia afuera, que nos individualiza y nos gremializa, que inhibe la posibilidad de entendernos colectivamente, salvo por los intereses gremiales.
A pesar de lo anterior, es la universidad un espacio de cristalización, de la cultura, las artes, del desarrollo social, político, económico de toda sociedad. Y este espacio cristalizado es transmitido a los jóvenes, propietarios por antonomasia de estas tradiciones, las que se encargan de ir desarrollando, de ir moldeando, de ir apropiándoselas progresivamente. Así es como los campos culturales son ampliados gradualmente en los cinco o seis años de estudio que cada uno de nosotros pasamos en la Universidad, también los campos productivos, nuestro acervo político, el económico. La sociedad, sin lugar a dudas se reproduce material y simbólicamente al interior de la Universidad y la juventud se encarga de reproducir a escala ampliada y de manera dialéctica lo que la universidad le entrega. Por tanto, y sin lugar a dudas, tenemos lo que merecemos. La competencia, el individualismo, el muñequeo, todo aquello que caracteriza nuestra cotidiana vida, la que incluso reproducimos en nuestras familias, en nuestros espacio laborales, en nuestras relaciones de pareja. Esa cristalización es de tal magnitud, que nos hace pensar que esto está solidificado, es permanente, inmutable, que aquello que vivimos implica una especie de “fin de la historia”, de naturalización en la que lo social, lo cultural, lo político, lo económico es como es, por que así debe ser. Es lo que se nos enseña, por tanto es lo que sabemos.
Cómo la Universidad Llega a ser la Cosa que Conocemos.
En su articulado la Constitución de 1980, impuesta por la dictadura militar que encabezó el ex general Augusto Pinochet (1973-1989) , señala que:
“Los padres tienen el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos”; y que a este efecto “Corresponderá al Estado otorgar especial protección al ejercicio de este derecho”, de esta forma también señala que el estado debe “...fomentar el desarrollo de la educación en todos sus niveles; estimular la investigación científica y tecnológica, la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación”, entregando a la comunidad el deber de “... contribuir al desarrollo y perfeccionamiento de la educación”.
Sin duda un marco muy propicio para entender el actual desarrollo de lo que conocemos o reconocemos como espacios de educación terciaria. De esto se puede desprender que el Estado se desentiende de las obligaciones que antes tenía, como estado docente, en el que se hacía cargo de las necesidades de su propio crecimiento y del desarrollo socioeconómico nacional, a partir del perfeccionamiento de sus ciudadanos y la formación de cuadros ejecutivos y técnicos que le hicieran crecer. Y es que la dictadura militar, anclada en la más brutal ortodoxia neoliberal, creó las condiciones necesarias para entregar la función social de la universidad a los privados (entendidos estos como individuos), los que serían solamente subsidiados en su función.
La libertad de enseñanza, otro pilar fundamental del edificio construido por la dictadura, “incluye el derecho de abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales”, garantizando la autonomía académica, administrativa y económica de las instituciones de educación superior del Estado y de las particulares reconocidas por éste.
Otro de los pilares en los que se funda la nueva institucionalidad que crea el escenario de la educación terciaria nacional está establecido por la Ley 19.862, más conocida por su sigla como Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE). Esta, establece específicamente, en el artículo 29 los cuatro tipos de instituciones de enseñanza superior que el Estado reconoce oficialmente:
a) Universidades
b) Institutos Profesionales
c) Centros de Formación Técnica
d) Establecimientos de Educación Superior de las Fuerzas Armadas y de Orden .
Las entidades que aspiren a ser reconocidas oficialmente por el Estado como instituciones de educación superior deberán ser creadas por ley -caso de las estatales- o constituidas de acuerdo con los procedimientos establecidos en el Título III de la LOCE. Es importante, y relevante destacar que las universidades privadas serán siempre corporaciones de derecho privado sin fines de lucro. Los institutos profesionales y los centros de formación técnica que tengan ese carácter, deberán organizarse siempre como personas jurídicas de derecho privado, cuyo objeto no puede ser otro que la creación, organización y mantención del establecimiento respectivo. Por tanto el lucro privado en la educación superior es una subversión a las normas creadas por el propio articulado. El lucro privado, sobre la educación superior, surge de un “arreglo”, en el cual estas instituciones crean una “otra institución” que sí pueden lucrar, por ejemplo “sociedades inmobiliarias”. Arreglo que sin duda permite el crecimiento y la expansión del sistema privado de educación superior chileno .
Hasta el año 1980, nuestro sistema de educación superior sólo presentaba la presencia de 2 universidades estatales y seis privadas, en total ocho. Desde esa fecha el crecimiento es explosivo, en el año 2004 estas llegan a 60: Contando, en 1980 con una cobertura de unos 120 mil estudiantes de pregrado, se llega, al año 2004 a algo más de 540 mil, incluidos en el sistema completo. (T. Castañeda, 1993; E. Fernández, 2005) (Gráfico 1)
En palabras del académico de la UCSC, Enrique Fernández
“La magnitud e intensidad que tuvo la expansión implicó dos cosas: que por primera vez llegaran a las aulas universitarias alumnos de sectores socio-económicos menos favorecidos y que, en muchos casos, fue necesario improvisar profesores para poder proveer los cursos. Ambos elementos, asociados en ocasiones a una infraestructura deficitaria y bibliotecas y laboratorios precariamente equipados, han sembrado dudas acerca de la calidad de los profesionales formados en la educación Superior” (pp.:3).
Si observamos los datos disponibles en el Ministerio de Educación (gráfico 2), es posible señalar que entre los años 1990 y 2000, el acceso de los cinco quintiles, en los que podemos seccionar la realidad socioeconómica chilena ha crecido de manera explosiva, sostenida y ostensible. De esta forma es posible señalar que junto al crecimiento de la oferta educativa, en esta área, se ha hecho carne el aumento de la demanda y del acceso de todos los sectores socioeconómicos a la universidad. Surge también la posibilidad de entender, a quienes siguen atentamente las divagaciones expuestas, que este acceso si bien masivo, también a sido desigual e inequitativo. Es evidente que los sectores socioeconómicos de más altos ingresos, quinto quintil, han hecho de la universidad un horizonte no sólo deseable, sino que imprescindible. Mientras tanto, para los sectores que se ubican en le primer quintil, con menos recursos socioeconómicos, la posibilidad de acceder a la educación terciaria, es aún un horizonte lejano, casi utópico.
También y en igual forma es preciso entender que el acceso a la educación superior ha sido acompañado de un progresivo incremento de los recursos que para su financiamiento se requieren. Si observamos lo que el Estado ha ido entregando, de sus presupuestos anuales, sólo en el último lustro podemos desprender que la carga que ha significado la educación superior a las arcas fiscales, a pesar de la regla de “EQUILIBRIO FISCAL” impuesta por la doctrina neoliberal, ha pasado desde los 27 mil millones de pesos, en 1990, a unos 72 mil millones en 2003. (Gráfico 3). Sin duda un gran trozo de la torta de recursos que el Estado chileno maneja año a año, pero de igual manera insuficiente. Ya lo han demostrado los estudiantes, desde la década de los años ochenta, en que el sistema de financiamiento comienza a mutar y progresivamente se inicia el repliegue del Estado en la distribución, asignación y recuperación de los recursos (Reformas al financiamiento de 1981, Crédito Universitario Estatal, transferido en 1987 a las Universidades, para posteriormente ser reformado en 1994 y quedar establecido como Fondo Solidario). En sus tres versiones ha recibido las múltiples y permanentes críticas (una especie de itinerario anual que habla de un tema de la “agenda política” en los meses de marzo y abril), ya que en el fondo y siguiendo su propia lógica, estos fondos son asignados a los alumnos de las Universidades del Consejo de Rectores que presentas menos recursos y buenos puntajes (que son los menos), por que aquellos que realmente presentan menos recursos están fuera del sistema o están obligados a adquirir educación superior desde aquellas ofertas ligadas al sector privado. Con ello obligamos a los que tienen menos recursos económicos, obtienen peor educación escolar formal y menores puntajes en las pruebas de selección a las Universidades del Consejo de Rectores a buscar formación terciaria en instituciones privadas, las que TODOS (y digo TODOS de forma consciente) sabemos que lucran con los recursos y con las expectativas de formación de sus estudiantes (clientes). Una muestra más de inequidad.
Resumiendo, entonces, el sistema de educación superior presenta hoy día algunas características que nos hablan de un estado de la cuestión por lo menos crítico, a saber: su masificación, la falta de equidad en el acceso, su alto nivel de circulación de recursos (ligazón al mercado) y sus problemas de financiamiento.
Problemas todos no menores, si pensamos que es necesario, contar al 2010, con una masa estudiantil de no menos de un millón de alumnos en educación terciaria, que nuestro país a comprometido sus esfuerzos en sendos tratados bilaterales, a mejorar su “capital humano”, que los recursos que se inyectan año a año pareciera ser que no tienen un respaldo en resultados que puedan ser efectivamente vistos como una superación de la situación anterior. De esta forma es que podemos establecer, sin temor a ser alarmistas, ni apocalípticos, que la educación superior en nuestro país está sentada sobre una tremenda crisis que hace inevitable sentarnos a discutir, con sentido de proyección futura las medidas que puedan provocar una gran transformación a una situación otra que permita paliar las deficiencias y superar los problemas.
¿Qué Hacer?
Es la típica pregunta, no pretendo responderla (sería pretencioso). Es posible, eso sí, reflexionar sobre la intención, para luego visualizar salidas. En atención a esto, lo que sigue no son más que sendas especulaciones propuestas tal y como se expresaron al principio de esta exposición, desde la ciudadanía y desde la urgencia política. Por tanto, expansión explosiva, acceso desigual e inequidad en la distribución de los recursos en ayuda financiera para los sectores de menores ingresos explican que el estado actual del desarrollo universitario en nuestro país, es a lo menos poco auspicioso. Partamos desde ahí.
Sólo entonces, y en Primer lugar, podemos preguntarnos legítimamente cuál es la universidad que queremos salvar hoy en día. Si observamos su desarrollo y crecimiento podemos establecer alguna tipología de las que ya existen, para tener claro a qué atenernos. Por ejemplo podemos decir que existen universidades Privadas y Públicas; Tradicionales y Nuevas; Nacionales, Regionales y Metropolitanas; Ideológicas y de Empresa; Sistémicas y Críticas, Burocráticas y Descentradas; Del Consejo de Rectores y Fuera del Consejo de Rectores y sin duda Transnacionales y Nacionales. Es evidente que toda taxonomía es antojadiza, esta no lo es menos. Pero si es que creemos que es necesario “salvar” la educación pública, de qué forma nos referiremos a ella, ya que de lo que se trata es de no volver a cometer los errores que criticamos, el principal de ellos la discriminación, la elitización, la exclusión.
En atención al estado en el que se ha ido construyendo la Universidad podríamos aventurar posibilidades que nos permitan establecer puntos de fuga para la discusión. Por esto, y en relación al conocimiento que ellas producen podemos señalar que es necesaria una reafirmación de su sentido y carácter. Las universidades y sus comunidades han pasado un largo período de su existencia ensimismadas en la producción de conocimiento y saber por y para los intereses del Estado. Se han ido transformando progresivamente en funcionarias y burócratas de éste, pero más aún han ido manejando un cada vez más perverso sentido de compromiso con esta forma de reproducción social que fue, digámoslo simple y directamente, obra y creación de la dictadura más sangrienta que ha visto desarrollar nuestro país. Por tanto cualquier arreglo interno que intentemos desarrollar en el modelo de educación superior supone una tácita aceptación de la lógica, el contexto, los principios y fines para la cual fue diseñada la educación superior en un contexto como la dictadura de Pinochet. De ahí, entonces, que la lógica de producción, distribución y potenciación del conocimiento generado por las universidades se descentre de su lugar germinal (el Estado), para posicionarse en el lugar material (la Sociedad). De ahí que se hace necesario que la ciencia se haga social en su impacto.
“La reproducción permanente de la ‘ciencia oficial’ en el espacio público controlado por la gobernabilidad ha dejado a los pobres y a los ciudadanos corrientes sin un adecuado tratamiento científico de su memoria, sus experiencias, sus reclamaciones y sus reacciones colectivas. Estar fuera de las ciencias equivale con mucho a estar fuera de la racionalidad contractual y, por lo tanto, del poder ciudadano y de la historia. Pues, sin ciencia, no se pueden educar ni potenciar sistemáticamente las capacidades cognitivas, asociativas y proyectivas de la gran masa popular; es decir: su soberanía. Sin ciencia, la memoria social es un capital cultural derrochado en el vacío. Anulado. Anonadado. Que deja a los sujetos sociales de base ignorándose a sí mismos. Amnésicos. Como masa inerte a la espera de ser conducida y vanguardizada. Como si los ciudadanos no tuvieran identidad, ni dignidad, ni derechos soberanos, ni calidad de “pueblo”.” (Salazar, G. pp.: 163. 2004)
Luego, se hace pertinente señalar que el problema que actualmente se debate, es necesariamente la consolidación del itinerario trazado por la dictadura y administrado por los gobiernos de la Concertación, el que surge al dictarse la LOCE. No es menor señalar, y reivindicar aquí, que el Movimiento Estudiantil lo percibió en su momento de esa forma. El año 1992, la Facultad de Educación de la Universidad de Concepción se mantiene en toma por espacio de casi un mes. Qué solicitan los estudiantes, derogación de la LOCE. Hoy se cierra el círculo, hoy la LOCE se consolida, hoy la universidad deja de ser una preocupación del Estado, tal y cual el diseño de la dictadura militar. Por tanto si hay algo que reformar y algo sobre lo que efectivamente es necesario sentarse a discutir para su posible derogación es, por supuesto la Constitución de 1980, y la LOCE.
Por otro lado, si en el espacio universitario, nos está dada la posibilidad de la convivencia, de la convivencia democrática y transversal, esta debe operar con toda propiedad, con la mayor fuerza posible, con la mayor disposición al diálogo, a la participación a la no exclusión de todas las posiciones presentes. Esto es necesario no sólo declararlo, es importante hacerlo. Hoy es tiempo de un frente amplio, en el que tengamos lugar todos, ya que lo que está en juego es el rol y el lugar que queremos apara la educación superior en una sociedad otra. Por tanto la tarea no es menor, si queremos democratizar la educación, es necesario democratizar la sociedad, si queremos mayor participación en la educación, es necesario luchar por una mayor participación social, si queremos un acceso igualitario a la educación, entonces breguemos por una acceso igualitario a los bienes sociales. Esa es la orden del día, básicamente en el mismo nivel de la respuesta que habría dado el viejo Vladimir Ilich.
Por una sociedad en la que todos y todas tengamos espacio. Estudiantes y sociedad en general tenemos que unirnos, debemos constituirnos como sujetos, como un sujeto que es capaz de proponer una sociedad distinta, una educación otra. Una Asamblea Constituyente que pueda repensar no sólo el marco constitucional y jurídico de nuestra sociedad, sino que también se plantee la posibilidad de pensar una sociedad distinta, una sociedad otra parece ser una buena propuesta. Entonces, hay que unirnos, nuevamente… por que hay harto que hacer.
Muchas Gracias.
DATOS RELEVANTES SOBRE EDUCACIÓN SUPERIOR EN CHILE.
Fuente: www.mineduc.cl, www.cnap.cl (En Fernández, E.)
Fuente: www.mideplan.cl (En Fernández, E.)
Fuente: www.mineduc.cl (En Fernández, E.)
Referencias
Castañeda, Tarcisio (1993) Para Combatir la Pobreza. Política Social y Descentralización en Chile Durante los ’80. CEP Ediciones. Santiago. Segunda Edición.
Fernández, Enrique (2005) Desafíos Emergentes y Contribución de las Universidades Católicas a la Configuración de la Cultura. Ponencia Presentada al Capítulo Chileno de Universidades Católicas. Universidad Alberto Hurtado. Santiago, abril de 2005. Inédito.
Foucault, Michel (1992) Microfísica del Poder. Ediciones La Piqueta. Madrid. Tercera Edición.
Nef, Jorge (1999) Contradicciones en el “Modelo Chileno”. En Mendez-Carrión, A. & Joignant, A. (1999) La Caja de Pandora. El Retorno de la Transición Chilena. Planeta/Ariel. Santiago. pp.: 89-124
Salazar, Gabriel (2003) La Historia Desde Abajo y Desde Adentro. Facultad de Artes, Universidad de Chile. Santiago.
Etiquetas: EDUCACION
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